«Es bien sabido que su historia de vida ha estado llena de excesos aparejados y muy acordes con una personalidad narcisista …»

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
Para entender gran parte de lo que está sucediendo, hoy en día, políticamente, en los EE. UU con las acciones y repercusiones tanto internas como externas, es necesario escudriñar en lo más recóndito y, hasta donde es posible la situación personal de quien preside a esa nación y, de paso, la importancia relevante de los movimientos estratégicos que se realizan en su gabinete al aprovechar la situación que vive el presidente, sobre todo, en su salud física y mental.
Donald Trump nació en 1946 es decir, tiene 79 años, es una edad senecta donde se supone ya un declive en las facultades, tanto físicas como mentales donde ya hay una manifestación muy clara de enfermedades crónico degenerativas que se vienen desarrollando ya, de manera alarmante.
Por gran parte de los interesados en el tema Trump, es bien sabido que su historia de vida ha estado llena de excesos aparejados y muy acordes con una personalidad narcisista entre cuyas características se pueden mencionar: la necesidad de ser constantemente elogiado, reverenciado tanto por su corte como sus votantes y cuantos se cruzaran por su camino. Su narcisismo, ya de origen, es patológico, es cruel y despiadado; esto se demuestra con todas esas acciones ordenadas, por ejemplo: disparar contra esas lanchas venezolanas, “asegurando” que Transportaban drogas. Epstein, en archivos judiciales, afirme que Donald Trump era el peor personaje que había conocido ya que se mostraba sádico y sumamente agresivo cuando organizaban fiestas con prostitutas; drogados, violentaban de manera indiscriminada ya fuera a niños o mujeres.
Las manifestaciones actuales del presidente de los EE. UU en su enfermedad, los médicos lo catalogan como demencia fronto temporal donde se detectan atrofia en el lóbulo frontal que controla el lenguaje, por lo que cuando Trump habla, confunde las palabras o se expresa con velocidad descontrolada, sin sentido o con groserías. Sin embargo, este personaje, está convencido de que sus discursos no son solo normales sino geniales. En su mapa mental puede hacer que dos países distantes entre sí, sean colindantes y tengan frontera común.
Al caminar, lo hace despacio porque sabe que, si camina rápido, puede caer. Tiene tendencia a inclinar el cuerpo hacia adelante y permanecer, por largo tiempo en esa posición y apoyado sobre el atril: le es muy difícil sostener la posición vertical. La manera en que habla y su comportamiento va empeorando de manera exponencial de tal manera que pronto, se diagnostica, estará fuera de control.
Ante este panorama de incapacidad para gobernar, personajes con intenciones aviesas y que están atrás de él, están influyendo de manera definitiva haciendo uso de sus cargos dentro del gabinete para llevar agua a su molino, para favorecerse a sí mismos y a sus cercanos, sobre todo a la élite multimillonaria de los EE.UU. Ejemplos: Jared kushner, yerno de Trump, acaba de presentar en Davos, la propuesta de reconstrucción de la franja de Gaza: “NUEVA GAZA” con una inversión cercana a los $25,000 millones de dólares y que considera el desplazamiento de los habitantes a reservaciones como lo hicieron con las tribus originarias en los momentos de la colonización en territorio americano. Naturalmente, Donald Trump, “ha aprobado y firmado tal proyecto “animado y, estimulado” por fármacos que enmascarar la falta de lucidez.
Otro ejemplo: los miembros del ICE, matones y ex militares que han sido contratados para realizar redadas de inmigrantes, que no son más cazadores de recompensas, pues por cada detención, generalmente arbitraria, les pagan entre $1500 y $3000 dólares, además, cuando se, les pasó la mano, asesinan pues tácitamente tienen licencia para matar. Están actuando con la consigna de crear desestabilizad permanente hasta las elecciones intermedias para declarar clima no propicio para elecciones y, así prolongar el mandato de Trump hasta donde más se pueda.
La conspiranóia de la ultra derecha estadounidense, está utilizando esta compleja enfermedad degenerativa del presidente para hacerle firmar los más abyectos decretos con las más inverosímiles ocurrencias y, lo peor de todo, en una de esas, le hacen creer que es Dios y lo obligan a apretar el botón de la guerra.


