Opinión

Los intervencionistas logran pequeños objetivos: crear mala imagen del gobierno en turno; además, crear la “necesidad” de una intervención

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

Es complicado tratar de establecer una correlación entre los tres acontecimientos antes mencionados, sin embargo, dadas las circunstancias y la brevedad de tiempo en que se han suscitado estos hechos, dejan en las mentes acuciosas razones para el escepticismo y dan pauta para razonamientos que no concuerdan con las versiones oficiales.

En primer término, el derrame petrolero que afecto, recientemente, gran parte tanto a Tabasco, Coatzacoalcos y una gran extensión del Golfo de México. En las labores de limpieza se recogieron cerca de 800 toneladas de hidrocarburos esparcidos en una extensión aproximada de 600 kms.

Este gran derrame de crudo ha provocado bastantes especulaciones, entre las cuales, sobresale la del sabotaje blando, pero, al fin y al cabo, sabotaje. Aunque esto raya en la conspiranoia, se tiene que tomar en cuenta dadas las tensas relaciones entre el Gobierno Mexicano y el de los EE. UU: además hay que analizar todas esas formas tan taimadas de expansionismo que tienen nuestros vecinos del norte.

El gobierno estadounidense es capaz de infiltrarse en los más imperceptibles vasos capilares del organismo político mexicano y contaminarlos con un puñado de dólares para provocar ya sea, negligencias, omisiones, descomposturas imperceptibles o dejar que “manos extrañas” operen malvadamente bajo nuestras aguas y plataformas petroleras nacionales.

 Resulta muy raro que, todas las explicaciones oficiales muestren desacuerdos sustanciales y dejen que el tiempo los diluya y todo siga su curso con la consabida frase “aquí no ha pasado nada”.

 Los intervencionistas logran pequeños objetivos: crear mala imagen del gobierno en turno; además, crear la “necesidad” de una intervención para que, mediante esta, se corrijan y mejoren las políticas públicas en nuestro país; los apátridas~ algunos de ellos, incrustados en el sistema~ también desean lograr beneficios: además de engañar y tratar de “ debilitar” a la Presidenta, retomar el poder para continuar lo que habían empezado: rematar toda la infraestructura y las empresas de la nación y dejarla en manos del gran capital.

El nuevo régimen, no termina de consolidarse porque el antiguo, se resiste a morir. La gobernadora de Chihuahua: María Eugenia Campos Galván del partido Acción Nacional que debería funcionar, y como vaso capilar estratégico en favor del sistema político mexicano, ha sido contaminada por la perversa intromisión del imperio.

Chihuahua es un vasto estado que hace frontera con los EE. UU, tal frontera es un área porosa, ya que, por ahí, con relativa facilidad, entran y salen agentes encubiertos como lo hicieron los cuatro miembros de la CIA que fueron cobijados por la gobernadora y su fiscal para operar en el desmantelamiento de narco laboratorios en la región, cosa que no, se ha aclarado porque no hay lugares, cantidades ubicaciones específicas y, sobre todo: detenidos.

No se crítica ni se juzga la acción contra las drogas que se lleva a cabo en Chihuahua, se censuran las formas intervencionistas de estos agentes qué estuvieron actuando en campo, pasando por alto todas las leyes promulgadas al respecto.

Para que algún extranjero pueda apoyar a México, en labores contra la delincuencia, dicha acción se llevará a cabo, solo con la autorización del Senado de la República, limitándose solo a asesorías, coordinación y apoyos logísticos, pero, las acciones directas en campo solo les corresponden a las autoridades nacionales.

De no haber sido por el trágico accidente donde perdieron la vida dos agentes de la CIA, el Gobierno Federal, no se hubiera percatado de esas operaciones clandestinas conocidas y autorizadas solo por Maru Campos y su fiscal.

 Irremisiblemente se cae en toda una serie de especulaciones, pero si hay una cosa cierta: desde, dentro de sistema gubernamental hay infiltrados con una carga y un soporte estratégico que tiende a debilitar, en el corto plazo, la legitimidad de la Presidenta y lo peor, que haya ingenuidad o mala intención ahí dentro para no investigar a fondo todos esos imperceptibles actos intervencionistas. Y aún más, hasta donde y en qué dimensión tales acciones se están extendiendo, con sus daños subsecuentes.

“Ustedes que han venido de Europa no van a regresar”. “Si se mueven los sacrifico” “Esto se construyó para sacrificar, no para que vengan a sacarse la foto”.

Estas sentencias las gritó el agresor este 20 de abril en las pirámides de la luna, en Teotihuacán, cuyo nombre fue: Julio Cesar Jasso Ramírez de 27 años y admirador de la cultura de la muerte muy propia de la raza supremacista estadounidense, que la tomó como propia, al replicarla a tiros, imitando actos violentos, similares y coincidentes con la fecha y hora.

Su tendencia fue copiar (copycat) sucesos como el acontecido el 20 de abril 1999, en Columbine donde fueron masacrados alumnos de una escuela secundaria: Eric Harris y Dhlan Klebold, ese día asesinaron a 12 alumnos y a un profesor e hirieron a 21 personas para luego, suicidarse.

Esta falta de salud mental, tan normalizada en los EE. UU, y que empieza con el mismo presidente que, a pesar de ser diagnosticado con demencia frontotemporal, tendencias tanto narcisistas, arrebatos violentos como bipolaridades severas, es admirado seguido votando y elegido para ser presidente por segunda ocasión.

Eso hace pensar que la salud mental colectiva, deja mucho que desear; aún más, las consecuencias manifiestas que están provocando él y sus imitadores en Latino América están de manifiesto y no son nada alentadoras.

Ejemplos concretos: el presidente Milei en Argentina. Bukele en el Salvador, Novoa en Ecuador; todos ellos, asesinos en serie, irrespetuosos y autoritarios con el ser humano erosionadores de la democracia. Lo más inverosímil de todo esto es que tienen seguidores fanáticos que, de manera más doméstica, replican esas acciones.

 En nuestro México no podemos dejar que se sigan filtrando tales especímenes, tiene que aumentar la astucia y sagacidad para detectarlos, manejarlos hábilmente y redirigirlos a sus lugares de origen,

Bien vale la pena quedarnos con esta frase de Elie Wiesel: “Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula, al verdugo.

REDACCIÓN

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