Opinión

“No preguntemos si estamos de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino” (Goethe).

EL ESPACIO de  José Luis Gámez J.

Hay tanto ruido en el ambiente tanto nacional como mundial que este, ha invadido  a los  recintos  camerales de la política, redes sociales, noticiarios, ya sean televisivos como radiofónicos, prensa escrita y hasta corrillos de café: el ruido  es semejante al zumbido caótico  e incomprensible de un enjambre monumental; es tal que se expande  con estridencia ensordecedora y por qué no decirlo: con amarillismo insólito.

Tanto personajes del mundo periodístico como políticos se lanzan unos, con bayoneta calada a las tribunas bicamerales, otros con pluma en ristre para replicar de la más diversa manera, con su propia óptica o la que les marquen sus empresas editoriales tanto para buscar y dar la nota, agenciarse reportajes, lograr entrevistas de estudio o banqueteras, con fotografías o sin ellas, remarcando el lenguaje tanto oral como corporal, la calidad de la vestimenta y poses del entrevistado.

También, diputados y senadores abordan la tribuna para resaltar, con un protagonismo casi actoral toda una cadena de desacuerdos basados, en mentiras y suposiciones; son manifestados de forma tan vehemente  y visceral que la prensa los resalta y los réplica con énfasis, por lo general, con la intención de golpear al o a los líderes en el caso de que no hubiesen contratado alguno de los paquetes ya sea VIP, Senior o básico o, si el líder, sujeto de crítica se ha resistido a proporcionar sus “ apapachos” a tan apreciados opinólogos.

A manera de información es importante dejar en claro que, estos personajes dedicados a la industria del periodismo tienen “paquetes” que ponen al servicio de protagonistas ya sea, de la farándula, de empresarios, líderes sindicales o religiosos pero, sobre todo políticos aspiracionistas.

Para crearles, ante la opinión pública, halos de protección que los escude ante posibles enemigos qué siempre están al acecho, buscando material que incrimine, al protegido, en sus posibles actos de corrupción, o para diseñarles una imagen artificial de bonhomía, excelso humanismo, cercanía, casi amorosa, con los más débiles, aderezando además, esas imágenes, con virtudes, capacidad e inteligencia super brillante qué  los coloca, con tales “aptitudes” en el mundo ideal que todo aspirante sueña: llegar a la grande.

También hay paquetes diseñados para destruir reputaciones, para desinflar imágenes que volaban muy alto y que ya no son útiles o para nulificar aspiraciones mandándoles al ostracismo.

Este es un breve contexto que ilustra que gran parte de la prensa y la política, ya arrumbaron en el desván del olvido la pluma y oratoria que, escribía y hablaba con verdad y congruencia que, hablaba y sostenía con argumentos bien razonados, tesis bien fundamentadas y con oratoria apropiada.

En la actualidad los representantes de medios  y los políticos están en desacuerdo permanente con la verdad al dejar a un lado tanto el proyecto de nación, en el caso de los políticos cuando cabildean en la oscuridad para la aprobación de leyes y decretos, cuando  toman tribunas y revientan sesiones: la objetividad y la distorsión de la verdad que se pierde en el terreno de los medios, cuando se suman, a la mediocre partidización por conveniencias, cuando se convierten en mercenarios al ponerse al servicio del mejor postor; para redactar sus resentimientos ante la ausencia de “retribuciones”, canonjías o privilegios.

Todo desacuerdo, en cualquier situación es normal, no todo mundo debe de estar de acuerdo, siempre y cuando el desacuerdo no sea inventado y tenga como premisa la mentira o comprometa la cortesía y el respeto.

Un buen argumento para mostrar posibles desacuerdos debe partir con un buen nivel de exposición, serenidad, claridad concisa, bien fundamentado y de manera muy respetuosa es decir, el desacuerdo al manifestarse con calidad, espera respuestas también con alta calidad qué resalten más las coincidencias y la visión basada en el mismo proyecto con sus posibles matices pues, tanto los mandatarios como prensa, cualquiera que sea su modalidad y la ciudadanía, deberíamos estar en la misma sintonía: colocar a México en los primeros planos en el mundo mostrando nuestra madurez como nación en pleno desarrollo y progreso, la unidad en la diversidad, nuestra solidaridad fincada en nuestra raigambre e identidad.

Sin embargo la realidad tanto en las cámaras tanto de diputados como de senadores y gran parte de los medios, se esmeran en enviar mensajes a los ciudadanos, todos ellos, en el peor de los sentidos: la verdad no importa.

Lo importante es el golpeteo, es derribar al oponente con el único argumento:  la calumnia con todas sus connotaciones. La cadena de mentiras y la violencia verbal e inclusive física, relegando, casi siempre intencionalmente, los verdaderos temas centrales a dilucidar que serían, por su importancia, el objeto para llegar a acuerdos.

Para concluir esta reflexión, es bien importante establecer las ideas que subyacen entre los conceptos de acuerdo y desacuerdo y su diferencia, lo ideal sería lograr acuerdo común en el mismo proyecto. Esto supone, entre otras cosas afinar matices, estrategias, logísticas, firmar y reafirmar los acuerdos con el convencimiento personal y colectivo de que lo proyectado es lo mejor para el bienestar común.

Son posibles los desacuerdos, pero comulgando con el mismo proyecto. Aquí hay una tarea extra, la de eliminar el desacuerdo al mostrar al opositor, argumentos convincentes para que se una al proyecto, lograr que el opositor, además de convencerse, de manera natural se vuelva amigo del movimiento, es obra de un genuino y auténtico liderazgo.

Lo verdaderamente titánico, desgastante y que retrasa notoriamente un proyecto es encarar a opositores que están, por sistema en desacuerdo total con todos los proyectos que se presenten pero, lo peor es que no presenten ideas iguales o mejores y se estacionen en la diatriba, la descalificación, que solo muestran limitaciones. La oposición, en este caso concreto solo validan la frase: protestar por todo y en favor de nada.

REDACCIÓN

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