Opinión

El escenario, a nivel mundial, es peligrosamente incierto, los intentos por ser dialogantes y tolerantes están sostenidos, hasta este momento

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

La Casa Blanca en EEUU se ha convertido en el albergue de un loco que deambula por sus pasillos día y noche, maquinando en como joder al mundo: en su delirante cerebro, cotidianamente surgen ideas «brillantes”, desconcertantes ocurrencias que, tal vez, su gabinete trata de descifrar e interpretar y, encontrar fundamentos argumentales para darles cumplimiento de manera solícita e inmediata para que más tarde, este mismo loco, cambie súbitamente de opinión, se desdiga provocando, con ello, confusión, miedo o hasta terror en ciertos sectores de la humanidad pues, hay quienes temen que, en un acto extremo de locura, oprima el botón rojo de la guerra.

El poder enloquece, al que lo detenta y más cuando desde fuera le llegan mensajes tanto de reconocimiento, pleitesía y adulación como, solicitudes de ayuda e intervención. Para validar tales peticiones tiene que inventar, no argumentos bien fundamentados sino pretextos con recovecos, supuestamente legales, que le amparen para satisfacer esas “patriótica solicitudes”.

También en esos delirios de poder, se crean entes, que supuestamente están agrediendo, tanto a su persona como a su amado país: los nefastos migrantes que han llegado para quitar el trabajo a su gente; la población Afroamericana que le esta contaminando la pureza a la impoluta raza blanca; la introducción a su territorio, de todas esas drogas que están envenenando a su juventud tan limpia e inocente y, lo peor: hay, según el, recursos naturales en otros países que le fueron robados, que son “suyos”, por tanto, los tiene que recuperar  pasando por alto todas las leyes y tratados nacionales e internacionales como protocolos senatoriales que le impiden actuar por cuenta propia.

Lo más irónico de todo esto es que los que, los presuntamente normales, lo están dejando hacer: hay protestas, sin embargo, muestran tibieza en algunos sectores de sus colaboradores y gobernados. No hay definición en las decisiones para detener a esta mente bipolar que está actuando con un capricho insano que raya en peligrosa demencia.

El escenario, a nivel mundial, es peligrosamente incierto, los intentos por ser dialogantes y tolerantes están sostenidos, hasta este momento, con alfileres pues no se sabe cómo ni con cual ocurrencia amanecerá el habitante de la Casa Blanca, que además, entre sus otras actuaciones locuaces, está la del histrionismo barato celebrado con risas y aplausos tanto por sus cercanos bufones como por la prensa que lo provoca para que exprese con su lenguaje característico oral y corporal la ironía, la burla, la caricaturización y el desprecio de quien no le caiga bien.

Ante tal situación y en el caso de nuestro México además de lidiar con el loco de Washington, D.C., también con nuestra doméstica derecha influenciada, sobre todo, por la derecha internacional, sin personalidad propia, sin proyecto de nación convincente, malévola, mentirosa, calumniadora, corrupta, agresiva, inventora de falsedades y arrodillada ante el demente del imperio.

Lo que menos conviene es mostrar ante el imperialismo la belicosidad que presumió el ahora secuestrado, presidente venezolano que decía estar preparado para la guerra. Lo que menos quiere el pueblo es morir y ver morir a sus hijos. Ahora son momentos de actuar con serenidad y astucia, nuestras armas son más efectivas que los fusiles: 40 millones de migrantes, fuerza de trabajo allá laborando esforzadamente, listos para dejar de producir. Miles de exportadores, puestísimos para cerrar la frontera de los alimentos que se consumen allá y que son abundantes en cantidad tanto naturales como procesados.

A nuestros adversarios derechistas, recalcarles lo mal que le está yendo a la, también, derechista, premio nobel venezolana, al ser manifiestamente descalificada y ridiculizada pues solo ha sido, lo mismo que el mandatario argentino: un instrumento desechable.

Por último, México se está ganando el respeto mundial porque se están haciendo bien las cosas y está atrayendo inversionistas que desean establecerse pues se han dado cuenta que el País está avanzando en todos los sentidos y que las noticias de caos y de desorden nacional, en su mayoría, son falsas. Los problemas existen como en cualquier lugar, sin embargo, paulatinamente el desastre dejado por el sistema neoliberal, se van resolviendo muy a pesar de los detractores del sistema.

REDACCIÓN

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