Opinión

Imagen de don Sergio Méndez Arceo tomada de Wikipedia

PATRIARCA DE LA SOLIDARIDAD

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

Sergio Méndez Arceo, séptimo obispo de la diócesis de Cuernavaca, nacido en Tlalpan, Ciudad de México, el 28 de octubre de 1907 y fallecido en Cuernavaca Morelos el 06 de febrero de 1992. Ejerció su obispado durante 30 años, de 1952 a 1982. Conservador al principio de su ministerio, modificando su línea de pensamiento paulatinamente hasta definir su inclinación hacia la izquierda de tal forma que optó por su preferencia hacia los más desprotegidos y por la teología de la liberación, partiendo desde la reinterpretación del evangelio y tomando como modelo a los primeros cristianos que se reunían en las catacumbas, clandestinamente, tanto para orar como para convivir e interrelacionarse de manera solidaria en ayuda mutua tanto en sus necesidades espirituales, emocionales y materiales; fortaleciéndose entre sí, creando y multiplicando, con propia iniciativa, sus comunidades de base en un incipiente socialismo democrático y en torno a los testimonios vividos recientemente con los hechos del Cristo resucitado.

 El evangelio promueve la esperanza sin olvidar la realidad presente; quien está adoctrinado en espera de una mejor situación sin tener los pies puestos en la tierra viviendo pasivamente sin modificar su realidad presente es porque ha sido convencido y anestesiado.

Para llevar a cabo tales postulados Méndez Arceo tuvo que abandonar su posición conservadora llena de poder y privilegios para adentrarse a su propia realidad y la de su entorno. Fueron varios hechos que influyeron en su conversión, pero hay uno destacable: obreros que exigían sus derechos fueron acusados por un empresario y encarcelados de manera prepotente. El empresario para tratar de ablandar a los trabajadores pidió al Obispo ir a la prisión y los convenciera de renunciar a sus demandas.

Uno de los trabajadores le dijo: ¿qué hace usted aquí? Usted es uno de ellos: no sabe lo que es comer pan duro remojado con lágrimas.

Méndez Arceo, entendió la realidad y les dijo a los obreros: no puedo ser juez y parte; así que en adelante estoy de parte de ustedes.

  Sergio Méndez Arceo, mediante un proceso evolutivo, modificó su línea de pensamiento provocando inquietud tanto en sí mismo como en los demás:  fue conformando un equipo con iniciativas renovadoras que revolucionaron y refrescaron la pastoral, liturgia y cultura tanto en la diócesis con en gran parte de Latinoamérica. Gregorio Lemercier, monje  Belga que, entre varias tareas, introduce el psicoanálisis en los miembros de su comunidad Benedictina para analizar los problemas de vocación en la vida monástica; promueve la concepción de una apertura eclesial con espíritu crítico y la reestructuración arquitectónica de la catedral con el estilo minimalista y esencialmente Cristocéntrica lo cual explica la  ausencia de santos y  vírgenes, dejando solo, el altar central y otros laterales, una enorme cruz pendiendo del techo , tal vez rememorando las antiguas catacumbas, centro de oración de los primeros cristianos. Las mentalidades conservadoras de ese tiempo le catalogaron como “vandalismo embellecedor”.  También, Lemercier, implementó una renovación intelectual y espiritual, atrayendo a toda una gama de pensadores que deseaban, con avidez, respirar esos nuevos vientos de cambio.

Ivan Illich, Austriaco, catalogado como anarquista pues su línea de pensamiento estuvo enfocado a la crítica, entre otras, de la escolarización estandarizada que supone una uniformidad en la enseñanza descartando las cualidades creativas individuales proponiendo la desescolarización. Proponía la discusión entre pares con afinidades y animadas con dinámicas adecuadas y en ambientes propicios qué no fueran las aulas y que estimularan la creatividad descartando en que se convirtieron en un simple banco de datos con una aspiración única: obtener un diploma para entrar al mercado laboral y a la sociedad de consumo. Así fue que con la aceptación de Méndez Arceo creó el CIDOC: Centro intercultural de documentación. Este fue un espacio donde humanistas sensibles a los cambios sociales y sus consecuencias ideológicas, especialmente en América Latina se reunieron en cantidad y calidad considerable. El CIDOC cerró sus puertas, después de un boom excepcional en 1979 por presiones del Vaticano, en especial de Juan Pablo II qué nunca estuvo de acuerdo con la obra del obispo rojo ni de la de sus colaboradores.

Méndez Arceo asistió a la realización del Concilio Vaticano segundo, siendo un participante muy activo, pues provocó la discusión de textos sobre la ideología Marxista, temas del cambio social, el fenómeno religioso y el proceso de transformación de las sociedades latinoamericanas. Además, llevó de México al concilio, algo que ya se estaba realizando en Cuernavaca: la misa con el celebrante cara al pueblo, utilizando la lengua castellana y los cantos actualizados acompañados con instrumentos musicales vernáculos por ejemplo: el mariachi. La razón de ser, sintéticamente es: el pueblo entendería y se involucraría más, haciendo suya su participación al sentir que su oración es auténtica, personal, comunitaria y no mera fórmula prefabricada.

Así como múltiples detractores tanto en el gobierno, como entre sus pares, el Vaticano y la derecha conservadora, también tuvo muchos acompañantes qué comulgan y actuaron, en sus ámbitos respectivos, de forma similar: el, Obispo Samuel Ruiz en Chiapas, Arturo Lona, en Tehuantepec, Bartolomé Carrasco en Oaxaca, Oscar Arnulfo Romero en la República del Salvador, Helder Cámara y Pere Casaldaliga, ambos brasileños. Todos ellos comprometidos en favor del desposeído haciendo equipo con el Obispo Rojo qué por 30 años hizo que, en ese lapso Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera, viviera con intensidad la primavera más brillante y floreciendo del aggiornamento eclesial con compromiso social. Una pena que el sustituto del Patriarca de la solidaridad: Juan Jesús Posadas Ocampo llegase para retomar el conservadurismo y ser premiado con el cardenalato.

In memoriam de un ser excepcional. Don Sergio Méndez Arceo. Remitido al ostracismo intencional.

REDACCIÓN

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