Opinión

Brasil, que ocupa el quinto lugar en el mundo tanto en extensión territorial pues tiene 8.5 millones de kms, cuadrados y una población de 21.3 millones de habitantes, acaba de realizar su segunda vuelta electoral para elegir al presidente que regirá por cuatro años más.

Esta elección tuvo un final cardiaco, pues en la primera vuelta el candidato progresista y de la izquierda, Lula da Silva había quedado abajo con ligero margen, ante el aspirante Flavio Bolsonaro apoyado por el ala conservadora y ultraderechista cuya presencia, es muy fuerte, tanto en el congreso como en el senado allá, en la Republica del Brasil.

Teniendo en cuenta este contexto haremos una primera reflexión primero, en torno al por qué se perdió esa primera vuelta qué obligo recurrir a una segunda vuelta.

Lula da Silva y sus partidarios cayeron en un exceso de confianza dado que, este pretendiente a la presidencia lo intento por cuarta vez; esto les hizo pensar que el pueblo respondería masivamente casi sin necesidad de un esfuerzo mayor al necesario. Miles de partidarios se abstuvieron de votar porque dijeron para sí: “con mi voto o sin el, Lula gana pues somos mayoría”. La inversión de tiempo y recursos durante la campaña no fue la suficiente; las movilizaciones masivas fueron ciertamente numerosas, pero con consignas carentes de una sustancia convincente que provocara un despertar de la conciencia ciudadana.

Por si fuera poco, los estrategas de Lula, nunca antes habían recurrido, del todo a las redes sociales, tal vez por no considerarlas necesarias o, poco efectivas para tal efecto. No así la ultraderecha qué, internacionalmente han cooptado ya, con inversiones multimillonarias, a todas las redes sociales de tal manera que su influencia tiende a la alienación colectiva ya que convierte al ser humano en un extraño con relación a sí mismo y para con su entorno.

Si la persona humana se considera un extranjero en la realidad donde se mueve, cae en la indiferencia, en el individualismo y, en casos extremos en una grave misantropía para solo aceptar todo aquello que no le obligue a reflexionar ni a cuestionar.

Así que, si en redes encuentro a alguien desconocido que me afirma o niega constantemente, virtudes o defectos de un tercero, en el cerebro se procesa un nuevo constructo de tal manera que mentalmente, sin cuestionamiento alguno hay una aceptación tácita, considerando  como cierto lo que ese alguien desconocido ha estado compartiendo a tal grado que llega a ejercer un gran influencia y a lograr una serie de incontables LIKES que multiplicados exponencialmente convierten a ese  ese ente en un importante influencer.

En el proceso electoral, no solo en el de Brasil sino en el de los demás países en Latino América todos los nfluencers y plataformas habidas y por haber, cooptadas por el gran capital, sobre todo estadounidense, se ha dedicado de lleno a entrometerse, pues sus intenciones son muy claras: poner en las presidencias de cada uno de los Países Latino Americanos candidatos a modo que se presten a satisfacer sus intereses.

Por lo pronto y, al menos por cuatro años más la amazonia, el gran bosque tropical, junto con sus humedales, ríos, sabanas, su fauna y la población humana que la integran,  pertenecientes a la Republica del Brasil, estarán a salvo del instinto depredador tanto de Jair Bolsonaro ex Presidente y preso por ser participe en un intento de golpe de Estado que impediría a Lula da Silva para tomar posesión como presidente del Brasil en 2022 y, a su vez, Padre del reciente contendiente, Flavio Bolsonaro, Senador Federal de Rio de Janeiro  desde  2019 y cuyo cargo concluiría en enero de 2027.

También permanecen a salvo los proyectos progresistas de un régimen humanista; los programas sociales, las inversiones estatales, la disciplina fiscal y el cierre de la brecha que aún existe en la desigualdad social.

Geraldo Alckmin fue uno de los personajes importantes en la victoria de Lula da Silva. Trabajo fundamentalmente contra los algoritmos, destrozo las granjas de bots sacando al ser humano de su zona de confort al grado de que los aglutino de manera masiva en las calles sin importar condición social o edad. Además, su indiscutible peso político en las estructuras del gobierno brasileño fue incuestionables para lograr que, en esa segunda vuelta, el voto favoreciera a Luiz Inacio Lula da Silva.

Esta experiencia vivida en las votaciones brasileñas puede ser aprovechada por el movimiento de la Cuarta Transformación aquí, en México.

En Brasil se demostró que todo el capital invertido en la cooptación de las redes sociales, puede ser vencido, siempre y cuando el genuino liderazgo se preocupe por entusiasmar a la gente con actos de congruencia entre el pensar, el decir y el actuar. Las enormes cantidades de dinero invertido por el gran capital, en Brasil, fueron derrotados cuando cada uno de los ciudadanos progresistas, se dieron a la tarea de descontinuar en sus teléfonos celulares a toda la cadena de cuentas falsas y, a su vez, replicar multitud de veces todos los mensajes pro Lula da Silva. Aquí, la juventud en masa y experta en tecnología digital, cumplió sobradamente con su cometido.

Por lo pronto, la victoria se celebra y la bestia de la ultraderecha recula herida y se agazapa. La mayoría en el Congreso y el Senado es de derecha, por tanto, se anticipan bloqueos ante las iniciativas de este Gobierno que está por continuar en su cuarto periodo. Aquí es donde la experiencia de Lula y su gabinete tendrá que mostrar su capacidad de negociación y de alianzas.

Por último: ante investigaciones judiciales en contra el candidato perdedor Flavio Bolsonaro huye de Brasil hacia pis EEUU pues estaba acusado por corrupción, lavado de dinero, evasión fiscal y otros delitos que pretendía anular si ganaba la elección, lo mismo que sacaría de prisión a su padre Jair Bolsonaro quien cumple sentencia por intento de golpe de Estado. Esto nos deja un mensaje muy claro: la corrupción no es privativa solo de México: esta es ya un fenómeno mundial y es producto de una brecha educativa cuya raíz está en la familia donde, tal vez, desde la cabeza, permea la idea que todo gira en torno al poder y el dinero y que hay que tomar atajos, no importa de que tipo, para alcanzar tales objetivos. Todo bajo la falsa premisa: el poder y el dinero exploran como la riqueza material y la autoridad se entrelazan, corrompen y definen, las relaciones humanas.

REDACCIÓN

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba