Opinión

Resulta, además de cómico, divertido, confuso, simbólico y hasta surrealista el lenguaje que usan los políticos en su afán por ganar la atención popular y la de sus pares. Nosotros, los Ciudadanos de a pie, muchas veces caemos en esas trampas verbales al grado que puede haber una fascinación que lleva a creer a pie juntillas las ideas propuestas en esos discursos, sin saber, a veces, que son más bien producto de toda una estrategia deliberada, con una planeación muy meticulosa para obtener resultados favorables: inducción al voto o el triunfo absoluto en unas elecciones, por ejemplo

George Orwell decía: “el lenguaje Político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verídicas, el asesinato respetable, y para darle solidez a lo que es puro viento”.

Existen corporaciones, creadoras tanto de imagen como de lenguaje corporal que acompaña al lenguaje verbal; lo mismo que hay diseñadores de vestuario como complemento necesario para una actuación convincente en el estrado. Hay categorías y precios en los paquetes de diseño de imagen con costos muy elevados qué, solo algunos políticos podrían pagarlo, generalmente políticos que aspiran a los más altos escaños y que tienen acceso discrecional al erario público. Para una mejor ilustración, remítanse a la película “LA DICTADURA PERFECTA” protagonizada por Damián Alcázar.

El Secretario de Hacienda Pedro Aspe Armella en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari afirmo: “la pobreza en México es un mito”. Este personaje se encargó de privatizar cientos de empresas estatales, entre las cuales, hay que recordarlo, la banca nacional que José López Portillo había estatizado, las telecomunicaciones como TELMEX; congeló precios y salarios, le quitó los tres ceros al peso y dejó la economía nacional, al terminar el sexenio, pegada con alfileres además de haber consolidado las bases del sistema neoliberal. La realidad mostraba otro rostro con relación a su afirmación de que la pobreza era un mito.

Gustavo Diaz Ordaz, presidente que ejerció el poder con mano dura que, a su vez, tenía a la prensa y medios de comunicación televisivos y radiofónicos comiendo en su mano mando, vía el Secretario de Gobernación: Luis Echeverria Álvarez, no solo a reprimir una manifestación, sino también a asesinar a estudiantes que se manifestaban en la plaza de Tlatelolco en la Ciudad de México un dos de octubre de 1968.

Además de asumir su responsabilidad personal, legal, ética e histórica ante los hechos, justificó también que lo había hecho porque tal movimiento estudiantil ponía en riesgo los juegos Olímpicos que estaban a punto de realizarse en la Ciudad de México y que tenía que actuar con firmeza pues era necesario. Los asistentes en la Cámara de Diputados, aplaudieron de pie tales declaraciones, convirtiéndose en cómplices al avalar y justificar tale tropelías,

En el lenguaje Político existen intentos de hacer real algo que por su naturaleza es efímero, intangible inestable o falso. Recordemos las frases externadas por José López Portillo en su último informe de gobierno el uno de septiembre de 1982: “A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón qué he venido arrastrando como responsabilidad personal, les digo que hice todo lo que pude…. Si por algo tengo tristeza, es por no haber acertado a hacerlo mejor”.

Para los que vimos ese informe, nos quedaron esas imágenes de lenguaje corporal dramático pues golpeaba incesantemente el atril, derramaba lágrimas y sus palabras entrecortadas por el nudo en la garganta, en su conjunto, constituyeron una pieza de teatralidad con el propósito de mover los sentimientos más primarios propios de una telenovela barata y, lo peor, el pleno de la Cámara, de pie y aplaudiendo estruendosamente ese discurso más falso que un billete de dos pesos.

El lenguaje tanto verbal como corporal del expresidente Enrique Peña Nieto cubre una etapa tragicómica muy marcada por contrastes mostrados ante cámaras y micrófonos donde, por momentos, posaba procurando lucir su mejor cara pero con una vacuidad espeluznante cuando tenía que abordar los temas de importancia política tanto Nacional como Internacional y más cuando tenía que recurrir a la improvisación, se atropellaba en el uso del lenguaje, los nervios lo traicionaban y con frecuencia al decir una cosa por otra  y sin así desearlo, tales torpezas, dieron por resultado en una serie de escenas de comicidad involuntaria.

Dos de las peores frases: “Ningún presidente se levanta pensado y perdón qué lo diga, como joder a México”. Otra relacionada con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa donde revela su hartazgo e incapacidad para resolver el problema y que le trajo toda animadversión tanto de familiares como de la opinión pública: “tenemos que hacer un esfuerzo colectivo para que vayamos hacia adelante y podamos superar este dolor”. En pocas palabras, invitaba a dar vuelta a la página y dejar atrás ese problema.

Para finalizar, por hoy, este tema que da para mucho más, daremos unas pinceladas al lenguaje florido y rupestre de Alejandro Moreno Cárdenas, presidente y dueño del, hasta hace poco, poderoso Partido Revolucionario Institucional pero, ahora, ya en franco declive de tal manera que tal dirigente busca desesperadamente fórmulas que hagan posible armar con pedacearías un nuevo y poderoso Frankenstein para SACAR al régimen actual de Palacio Nacional pero, para el votante, no queda claro el por qué y para que de esa expulsión.

Afirma que el PRI si sabe gobernar, sin embargo, el CÓMO y el CON QUÉ no lo expresa o no lo quiere expresar por lo que surgen las interpretaciones de la opinión pública: por la forma estridente y muchas veces rupestre utilizada en su lenguaje se nota que finge seguridad, sin embargo, en el fondo siente que se encuentra en el tobogán de la desesperación y por eso, grita y quien grita es porque carece de argumentos y de un auténtico proyecto de Nación.

“A los priistas nos podrán amar o nos podrán odiar, pero la gente sabe que sabemos gobernar”. “A mí no me van a callar, no me van a asustar y no nos van a doblar”. Estas frases dichas recurrentemente por Moreno Cárdenas no son más que expresiones del valentón confrontativo, de cualquier cadenero de antro dispuesto a la pelea de callejón que solo usa la fuerza bruta ante la carencia de cerebro. En mi opinión y la de muchos más, con ese estilo y con ese lenguaje este representante del PRI no llegara muy lejos, es más, lo que se aproxima es la debacle y la extinción.

“En la calidad en el uso del lenguaje, se demuestra la valía del ser humano”.

REDACCIÓN

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