Gobernantes y jefes de Estado de todo el mundo se han reunido en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a partir del 22 de septiembre de 2026 para tratar asuntos y firmar acuerdos que atañen a las naciones adheridas a la Organización.

La agenda de participaciones y temas a tratar van, desde los conflictos en medio oriente, la situación en Gaza, cambio climático, nivel del mar, discusiones y propuestas en torno a la seguridad, narcotráfico y terrorismo junto con acuerdos en torno al esfuerzo conjunto para resolver todos esos problemas.
Centrarmos nuestra opinión en un punto toral del discurso estridente del presidente de los EE.UU en el recinto de la ONU. Donald Trump pronunció una frase contundente y lapidaria para que el mundo y, sobre todo para atraer la atención de sus votantes ya que habrá votación para reelegirse en noviembre próximo en su país: “México es epicentro de la violencia de los carteles de la droga, es lamentable que EE.UU comparta frontera de 2000 millas con territorio controlado por carteles enemigos”.
Dado este contexto, nuestra reflexión estará centrada sintéticamente en una de las causas que han originado este gran problema, el del narco tráfico, que no ha sido exclusivo de México, sino que ha permeado y escalado con grandes repercusiones a nivel mundial. Empecemos por sacar a colación algo que, casi todos sabemos: EE.UU siempre ha sido un país netamente belicista es decir, su ADN esta, por naturaleza, inclinado hacia la guerra.

La historia de ese país está centrada en acumular estrellitas para su bandera y, para ello ha acudido al ingenio doméstico y extranjero afín a esa filosofía punitiva para la creación y acopio de un armamento cada vez más sofisticado como lo fue, en su tiempo, la bomba atómica utilizada en Hiroshima y Nagasaki en la segunda guerra mundial provocando una masacre en gente inocente, lo mismo que sucedió en las invasiones en Vietnam, Camboya, la guerra del Golfo y otras más consignadas en la historia universal, siempre justificando su actuación con frases como: liberación, democracia, justicia pero quedándose con los recursos e infraestructuras estratégicas de los países invadidos.
Ahora bien, para todas estas invasiones punitivas han adiestrado a sus jóvenes en el manejo de las armas, los han manipulado psicológicamente imbuyendo en su mente un alienante convencimiento falsamente patriótico y, no está por demás decirlo, los programan mentalmente para el asesinato, pero sin mencionar tal palabra, más bien los “incentivan para exterminar el mal”.
Una vez establecidos en el campo de batalla, la realidad los empuja a serios cuestionamientos morales: todos los seres humanos llevamos un principio, una ley natural tatuada en el alma: no matar.
Ese joven soldado ante ese dilema del disparar contra un ser humano que, en lo personal ni lo conoce ni le ha agraviado o, abstenerse de hacerlo, corriendo el riesgo de ser catalogado como cobarde y castigado severamente por sus superiores, es incitado por los ya curtidos en la guerra, a consumir sustancias que lo desinhiban de los principios morales y los miedos que le han impedido a cometer su primer y subsecuentes asesinatos.
Usted, amable lector, ya habrá intuido que, en este momento, es cuando las drogas entran al escenario como coprotagonistas en este entramado bélico pues estas drogas, se convierten en creciente y necesario elemento para mantener en alerta permanente a las tropas y, por consecuencia, debe existir en los campos de batalla un suministro suficiente para surtir tanto a los novatos como a los ya adictos de su ración correspondiente.
Las guerras estadounidenses devuelven a su país muchos muertos recolectados en bolsas de plástico y sepultados con honores. Retornan soldados heridos, mutilados pero lo más triste, la mayoría, regresa amputados del alma y con una adicción atormentadora enfermiza y permanente hacia las drogas.
Aquí es donde aparecen los buitres ya preparados para dar la bienvenida y surtir a todos esos consumidores: no son carteles como en Latinoamérica, son redes criminales fragmentadas como cadenas de suministro: pandillas callejeras, clubes de motociclistas, ciudadanos comunes y corrientes que se surten de todo tipo de drogas con todo tipo de organizaciones internacionales que no son necesariamente mexicanas, como lo ha sostenido el presidente estadounidense de manera recurrente y agresiva.
La adicción hacia las drogas en los EE.UU forma parte de una cultura que tiende progresivamente a la decadencia y a su propia destrucción pues los adictos, en ese país hasta ahora, forman parte de un atractivo mercado que, por conveniencia multilateral, tiene que permanecer activo pues allá se lava dinero, allá gran parte de Wall Street trabaja con capitales de las mafias, porque allá, el mismo sistema gubernamental vía DEA, CIA, FBI y otras dependencias buscó y encontró grandes extensiones de tierras fértiles en Latinoamérica para la producción, transportación y distribución de marihuana y cocaína para satisfacer la necesidades de sus propios adictos.
Estas mismas dependencias, desde hace muchos años, penetraron territorios extranjeros para corromper a los diferentes gobiernos y a sus autoridades, mismas que hoy son cuestionadas y criticadas acremente por algo que ese mismo sistema ha provocado.
Los lideres de los carteles latinoamericanos al percatarse de que eran solo productores y transportadores al servicio del tío Sam, deciden crear sus propios imperios e independizarse creando con ello una animadversión por parte del gobierno gringo pues ya era muy evidente la disminución de sus utilidades.
A grandes rasgos, las acciones implementadas tanto directa como indirectamente por los EE.UU contra los líderes de los más diversos carteles de la droga a nivel latinoamericano, ya sea para desvivirlos o para recibirlos como extraditados y juzgarlos en ese país, ha tenido un solo fin: acaparar la industria para sí, ya que, si el mercado es sumamente productivo, el interés no estriba en crear programas de desintoxicación y rehabilitación de sus adictos, más bien es mantener tal mercado pues la prioridad la prevalecía es el capital, el ser humano con sus adicciones es secundario.

Finalmente, ante esa frase tajante pronunciada por el presidente Donald Trump en su discurso ante la ONU se derrumba con estas reflexiones y con la «paralipsis» pronunciada por la presidenta de México ante pregunta concreta de periodista en la conferencia mañanera, Claudia Sheinbaum, inteligentemente respondió:
“Yo podría decir que es muy difícil convivir junto a un país consumidor de grandes cantidades de drogas. Yo podría decir que es muy difícil convivir junto a un país fabricante de grandes cantidades de armas. Pero no lo voy a decir”.
PD: paralipsis es una figura retorica utilizada inteligentemente para afirmar que se va a omitir algo pero que, en realidad y con sagacidad, se está diciendo.



