Opinión

Domingo de Poesía

El ESPACIO de José Luis B. Gámez J.*

Soy amigo de Cristo

pero no del que ha sido sujeto

a la parafernalia de vestuarios suntuosos y

 complicados.

Soy amigo de Cristo, pero no del

imaginado y modificado por

El show business; no de aquel que,

Ha sido iluminado con luces tenues

y obligado a posar para fotos

de estudio, maquillado y con

barba recortada.

Soy amigo de Cristo, pero no de aquel

Que luce crucificado como artículo

de ornato en oficinas ejecutivas de

empresarios injustos y venales; no de

aquel Cristo, obra de arte, que no luce

por lo que es y significa sino, por el

costo del lavado de dinero.

Soy amigo de ese Cristo que ha

caminado por las riberas del Jordán, llenando

de polvo sus sandalias; del que fue,

por oficio taumaturgo, multiplicador

de panes y de peces; del de

las bienaventuranzas; del anunciador

de la buena nueva; del que nunca imaginó

que sería franquicia involuntaria de

sectas y religiones; del que nunca pensó estar

como lujoso pectoral de Jerarcas Principescos.

Soy amigo de ese Cristo que lloró la

muerte de su amigo y disfruto en

las bodas de Canaán; del que calmaba

tempestades y expulsó, con justo enojo,

a vendedores de su templo; del que sintió

en sus pies la sedosidad de los

cabellos de María de Magdala.

Soy amigo del Cristo que aún sigue

siendo consignado mentirosamente y,

crucificado tanto en Siria como en Acteal,

 Vietnam, Iguala o Bangladesh.

Soy amigo de ese Cristo condenado a

la migración y obligado a la deportación

injusta, provocada por el dueño del imperio.

Soy amigo de ese Cristo que ha vivido el

expansionismo brutal de los Césares

contemporáneos; del que sigue arrinconado

por el terrorismo y amenazado por

misiles y armas químicas creadas por

la monopolizante industria de la guerra.

Soy amigo de Cristo, del que después de

veinte siglos, sigue viviendo el eterno

Camino de la Cruz.

En fin, soy amigo del Cristo que dejó

el mensaje de la resurrección, en una

mortaja cuidadosamente doblada sin

heraldos ni fanfarrias y un sepulcro

pleno de luz esperanzadora.

AUTOR: José Luis B. Gámez J.*

REDACCIÓN

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