Es cierto que la violencia en nuestro Mexico aún persiste y el grito de los lastimados reflejan el dolor tanto personal como social

COLUMNA EL ESPACIO de José Luis Gámez
Este tema de la violencia en Mexico, en opinión personal, se tiene que distinguir para un análisis, sobre todo, a partir de los sexenios tanto Priistas donde la violencia se manifestaba de una forma, como la de los neoliberales que es donde cambian los conceptos sobre la misma. En los sexenios, por ejemplo de Gustavo Diaz Ordaz, Luis Echeverria y López Portillo la inseguridad no se entendía como un acontecer cotidiano de la delincuencia común o el narcotráfico, más bien la inseguridad, en ese entonces, se fincaba en la violencia y represión del Estado contra disidentes políticos y estudiantiles, valiéndole para ello del aparato militar y policíaco que se encargaban de reprimir cualquier intento subversivo fortaleciendo, mediante métodos violentos, su poderío como estado, ganándose así, el título de gobierno represor.
Aproximadamente dos años antes de que empezara el sexenio neoliberal de Miguel de la Madrid ya se tenía noticia de que se estaba consolidando el poder de los carteles de narcotráfico en el país, de que funcionarios, aun con cierto pudor, en la clandestinidad ya recibían sobornos y, por tanto, el concepto de la violencia ya no era tanto del estado, sino que la delincuencia organizada empezaba a generarla.
Los EE.UU, en 1980 les cerraron a los Colombianos, las rutas de cocaína de Cartel de Medellin en el mar Caribe y Florida; los Colombianos, reaccionaron contratando a los contrabandistas Mexicanos para pasar por tierra la droga hacia Norte América; los contrabandistas Mexicanos, a su vez, se dan cuenta de la gran importancia que este negocio representaba para dejar de ser meros transportistas y comienzan a cobrar en especie, lo que les lleva a fundar los primeros carteles Nacionales.
Es obvio que para integrar, fortalecer y expandir un cartel era necesario comprar voluntades y agregarlas tanto al organigrama como a las nomina que se fue encareciendo cada vez más, ante el evidente ingreso de monumentales cifras tasadas en dólares. La creación y competencia entre nuevos carteles se fue acrecentando de manera feroz y sanguinaria de tal manera que lo que había empezado como un pequeño tumor maligno, se fue aumentando exponencialmente hasta convertirse en una metástasis que enfermo mortalmente al alma Nacional.
Otros fenómenos paralelos al del narcotráfico pero aparejados con el mismo, fueron los del secuestro, tráfico de personas, tráfico de armas, huachicol de combustibles, feminicidios y tráfico de órganos, todos ellos, en gran parte y entre otras razones, canalizados al fortalecimiento económico de los carteles, que eran necesarios tanto para la reinversión en enervantes como para el sostenimiento, cada vez, más exigente de la nómina donde estaba incluido desde el cuerpo de halcones, personal reclutado por la fuerza para las labores de siembra, riego y cosecha o para la creación de laboratorios clandestinos con toda la logística necesaria que esto conlleva o para los operadores de los diferentes transportes utilizados y, sobre todo, para mantener la codicia de tantos personajes inmiscuidos que llegaron a cotizar muy caro sus servicios y su colusión.
Esta breve radiografía del panorama Nacional y las consecuencias violentas donde, tantas vidas inocentes como generadores de violencia
se fueron quedando en el camino. Los y las inocentes aún perviven en la memoria de sus familiares, quienes claman y reclaman justicia; los involucrados directa o indirectamente en ese nefasto negocio, en un momento de su existencia, seguramente, se dieron cuenta de que, en cualquier momento, serían desvividos también con violencia.
Por un momento, reflexionemos en las posibles soluciones que se le podrían brindar a tan complejo problema. De antemano, para los que proponen soluciones violentas e inmediatas vendría una especie de desaliento: el fuego no se apaga con más fuego; el ejemplo más claro estuvo con la nefasta guerra iniciada en diciembre del 2006 por el expresidente Felipe Calderon, contra el narcotráfico con un cobro de aproximadamente de 120000 vidas y un número indefinido de personas desaparecidas. En sexenios posteriores, el promedio se elevó de tal manera que de 2012 hasta 2018 se calculó la muerte aproximada de 350000 personas y 70000 desaparecidas. Así que de entrada esa solución está descartada.
El año 2026 está corriendo y se sigue hablando de la inseguridad, se han desmantelado carteles y, otros diseminados, sobre todo, en la costa del Pacifico: Guerrero, Michoacán y Sinaloa ya con un bajo perfil, siguen ofreciendo resistencia, la sensación que se detecta es, hasta junio de 2026 de que por cada 10 Mexicanos citadinos, 6 se sienten inseguros; estadísticamente en años anteriores el promedio de inseguridad era notablemente mayor ya que, 8 de cada 10 Mexicanos tenía la sensación de inseguridad. Si bien la confianza ciudadana se construye con resultados sostenidos, también es cierto que el papel del ciudadano que se comporta como mero espectador o crítico que protesta por todo y en favor de nada, no coadyuva en nada a la solución del problema. Por otro lado, la narrativa de la oposición cotidiana y persistentemente insiste en afirmar que estamos viviendo bajo el régimen de un narco estado; esto, lo queramos o no aumenta esa sensación de inseguridad, sobre todo en personas muy susceptibles y de quienes replican sin fundamento, solo de oídas las falsas noticias que maliciosamente se transmiten en medio de comunicación tradicionales.
La lucha que aún se sostiene contra la violencia a nivel Nacional se libra en muchos frentes y se encuentra a diario con situaciones inesperadas, lo cual obliga a replantear estrategias; en muchos casos que presentan serias complicaciones se tiene que recurrir a planeaciones mucho más complejas que requieren paciencia, disciplina e inteligencia.
La delincuencia organizada hace lo suyo y aprovecha esos aparentes silencios de la autoridad; la oposición, mediante las críticas ácidas presiona agresivamente la supuesta inacción de la autoridad y, cuando se publicitan resultados de las acciones contra la delincuencia, las minimizan o de plano las descalifican.
Es cierto que la violencia en nuestro Mexico aún persiste y el grito de los lastimados reflejan el dolor tanto personal como social. Es cierto que muchas de las secuelas dejadas por los daños ocasionados, en muchos casos ya son irreparables y siguen viviendo con la herida abierta, sin embargo, las acciones contra la violencia se siguen ejecutando, por parte de las autoridades con métodos que tratan de evitar, el menos posible, derramamiento de sangre, pero, sobre todo, tratan de provocar un despertar de la conciencia social y redireccionar la ruta de los valores hacia la paz, empezando por la familia.



