Una falsa noticia ensaya las más diversas maneras para permanecer en el inconsciente colectivo

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
Tal vez algún lector no tenga claro el concepto de lo que es un virus, tal palabra, si la buscamos en algún diccionario, nos remite a la biología y lo describe de manera muy simple: es un microorganismo infeccioso que no puede sobrevivir ni reproducirse por sí solo, por tanto, necesita una célula huésped y obligarla a replicar su propio material genético.
De esta definición podemos reflexionar, desglosando sus elementos y por analogía, trasladarlos al significado metafórico que se le da en las redes sociales.
En la red ya hay millones de virus cibernéticos diseminados como anfitriones de huéspedes que los hacen sobrevivir y multiplicarse, se llaman también software si sirven para bien y si son maliciosos malware, puesto que causan daños de diversa índole.
Ahora bien, la célula o el conjunto de células vivas al ser hospedadas por el malware, cualquiera que sea su naturaleza, le dan nutrientes y la fortaleza necesaria para propagarse, a veces, de manera exponencial.
Una falsa noticia es un malware que espera ser hospedado por células vivas (mentes frágiles o susceptibles) que se encargarán de replicarlo hasta convertirlo en virus epidémico. Mentes maliciosas, siembran en las redes una noticia falsa, por ejemplo: “Trump ofrecerá boletos de avión gratis de ida a África y México para quienes quieran abandonar EE. UU”. En Facebook alrededor de 800. 000 mentes fueron absorbidas por la falsa noticia, al darle me gusta.
Las mentes vulnerables, son las más propensas para ser hospedadas por las noticias falsas, su fragilidad estriba en una escasa o nula información sólida, porque, a su vez, carece de ese espíritu tanto de investigación como de mente crítica. De investigación, pues no recurre a buscar las fuentes que originan los contenidos que están ante sus ojos ni la legitimidad de los contextos y de las fuentes de donde provienen.
Hasta hace unos nueve o diez años, concedíamos absoluta validez a las únicas fuentes informativas, esas que aún prevalecen en nuestro país, pero ya no con la influencia total. No había otras opciones y, por tanto, con singular alegría había un nado sincronizado en las noticias casi todas falsas incluyendo las de la nota roja.

De vez en cuando esos emisores generaban algunas “mesas de análisis” para darnos como, receptores pasivos, algo que halagara nuestros oídos y que, de paso dieran una bofetadita al sistema, pero nunca algo que despertara conciencia social, que provocara rebeldía pues no era políticamente conveniente, más bien, entre más dormida y manipulable estuviese la opinión pública, mejor.
Una falsa noticia ensaya las más diversas maneras para permanecer en el inconsciente colectivo; una vez instalada, la mente nutre, hace más fuerte al virus al quitar palabras sin eliminar la idea central, las sustituye por otras de mayor impacto, reduce o alarga las frases hasta que estas sean alojadas en los otros inconscientes receptores.
Generalmente todo malware prescinde de la verdad. Al malware solo le importa ser aceptado y replicado miles de veces. Solo las mentes con espíritu crítico se pueden dar cuenta de la naturaleza de quien lo desea atraer para cautivarlo, para convertirlo en un propagador más de “verdades artificiales”.
Una mente hospedada por el malware lo fortalece y lo nutre al hacer que ese conjunto de falsedades vuele Impunemente por las redes creando así, generaciones de imbéciles que solo replican exponencialmente.
El peligro que se está corriendo ante esa invasión de malwares, es decir, virus malvados que han capturado mentes frágiles, tanto para ser absorbidos por el virus de la mentira como para convertirlos “en asesinos de la verdad” de tal forma que las mentes que ofrecen resistencia están optando ya por no leer, ni ver noticieros, para estar mejor informadas qué los que solo se han aficionado con la lectura compulsiva de noticias falsas.
Como corolario de esta reflexión podríamos advertir qué: solo el que no investiga lo que lee, termina siendo esclavo de la mentira de otro, puesto que aceptar una noticia falsa supone entregar nuestra capacidad de pensar a alguien desconocido; además, al compartir sin pensar que puedes ser el puente de la mentira, te convierte en un ser subyugado y esclavo permanente de la mentira de otro.



