Opinión

Las formas que se siguen para que una nota periodística cauce tendencia y repercuta en la opinión pública, consisten en lanzarla, sin importar si es artificial y mentirosa

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

La velocidad con que surgen las noticias es tan pasmosa y sorpresiva que casi no hay tiempo para digerirlas y analizarlas pausadamente. Ese enjambre noticioso tiene bastantes aristas donde convergen todo un universo de ideologías y tendencias que van desde las más extremas con candentes puntos de vista y otras que, demuestran una manifiesta subjetividad.

Ya el hecho de elegir las historias por publicar, las palabras que tienen que utilizar y que es lo que se tiene que omitir indica, que hay intereses en la línea editorial y una visión del mundo unilateral.

Hoy en día, la prensa está cooptada por intereses tanto internos como externos de una manera coercitiva y así se muestra descaradamente.

En sexenios anteriores al 2018 cuando inicia su régimen la Cuarta Transformación, el país solo tenía marcada una línea de información, la que era dictada desde Palacio Nacional que era obedecida por los altos mandos gerenciales de las televisoras, las empresas radiofónicas y la prensa escrita, rescribiendo en reciprocidad una buena cantidad de apapachos económicos que se originaban desde el erario público,

Esa costumbre ancestralmente sexenal, se terminó con el Presidente Andrés López Obrador, quien hizo constar con pruebas irrefutables el por qué, dejaba de aportar esas millonarias cantidades a los medios; una de esas pruebas la finca en esta idea: “el periodismo es libre o es una farsa”

Los hasta entonces consentidos por los regímenes sexenales, cuyas plumas mercenarias, estaban al servicio de quien ejercía el poder, mientras disfrutaban sus prebendas, escribían y pregonaban las bondades, las virtudes, las excelentes obras ejecutadas por el pro hombre y estadista sentado en la silla de águila.

Esa nube rosa desapareció desde el momento en que notaron como sus bolsillos se fueron vaciando paulatinamente y lo que fue peor para ellos, es el haberse dado cuenta de que este movimiento de la Cuarta Transformación va para largo.

En este momento, muy álgido para ellos, es cuando sus plumas, sus guiones, sus editoriales y sus piezas periodísticas cambian de ideología; ese cambio, en el verdadero periodismo libre, supone la crítica, no de los defectos físicos, ni la forma de vestir, el origen, la creencia o la preferencia sexual del mandatario; crítica el desempeño en el ejercicio del poder y a la vez, se esmera con propuestas viables, las comunica en buen plan a quien le corresponda, pues se supone que un verdadero periodista recorre territorio y está al tanto de la realidad tanto regional como nacional.

Sin embargo, los hechos demuestran que sus plumas cambiaron de patrón, se han encadenado al capital privado que, en buena parte, también se ha sentido “ofendido” porque tiene que pagar impuestos.

De ninguna manera se puede aceptar que todas esas calumnias y denostaciones en la prensa sean expresados por convicción genuina de enojo ante el estado de cosas: la carencia de propuestas en bien notoria pues la diatriba el grito y la descalificación muestran la anatomía de la mentira, la ausencia de libertad de pensamiento, el odio y la arrogancia.

El más reciente suceso donde el periodista Edmundo Cazares, “Resucita” una supuesta entrevista con el ya fallecido escritor y pensador Carlos Monsiváis, donde hay párrafos con contenido escabroso que habla de una relación homosexual con AMLO, pero que la fuente original fondo de esta tal charla  -un cassete- que aun no lo encuentra pero lo sigue buscando y lo peor, el periódico “EL UNIVERSAL” lo publica sin tener esas pruebas necesarias para darle veracidad a la nota.

Son muy notorias las fallas y las intenciones que conlleva esta nota periodística. Es cierto, el periódico se disculpa con la familia de Carlos Monsiváis y baja la nota de su portal, pero no así, se disculpa con el ex presidente, dejando claro con ello, que la animadversión y el golpeteo  seguirá.

Las formas que se siguen para que una nota periodística cauce tendencia y repercuta en la opinión pública, consisten en lanzarla, sin importar si es artificial y mentirosa, si la nota provoca tendencia inmediata, la pegan en las redes para que esta sea compartida y multiplicada un número de veces hasta hacerla viral. Generalmente su tendencia es efímera pues el consumidor de noticias ya sabe distinguir entre lo que es orgánico y lo artificial.

Caso contrario, si la nota es orgánica, espontánea, natural, en poco tiempo se hace viral y permanente, de tal forma que se queda tatuada en la memoria colectiva si necesidad de tanto algoritmo ni granjas de bots. Tal es así que el grito espontaneo de; “ahí va la perrita de Trump” ya va para largo y amenaza con más réplicas, memes y permanencia voluntaria.

Una de tantas conclusiones a que nos lleva esta reflexión, como consumidores de noticias tenemos que apoyar, suscribirnos, compartir, donar a plataformas independientes; tenemos que exigir transparencia y a su vez, ser consumidores activos. El periodismo es un bien común.

REDACCIÓN

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