Opinión

Este balón, protagonista principal de lo que, en antaño fue un deporte

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

En México, junio 11 de 2026 el balón empezó a rodar oficialmente en un estadio que siempre ha sido conocido de una manera, que después fue bautizado con otro nombre, pero, por órdenes de su majestad la FIFA, se le cambio a CDMX. Sin embargo, el balón diseñado con una tecnología de punta que ya la hubieran querido nuestros jugadores de pelota Mayas, nunca se pudo haber imaginado que su peregrinar hacia el Coloso de Santa Úrsula careciera del césped al cual ha estado acostumbrado.

Primero: como cada año, nuestros ínclitos maestros, se aprestaron a planear como minar el terreno para que tan preciado balón logrará su objetivo.

Conforme se iba acercando el momento para iniciar el certamen, los diferentes movimientos con sus causas particulares se unieron, que, dicho sea de paso, en circunstancias normales se manifiestan por separado ignorándose entre ellos, ahora, si, precisamente ahora, cuando los ojos del mundo están puestos en las tres sedes, esos colectivos se están esmerando por dinamitar un evento con importancia deportiva y a su vez, festiva.

No se pueden soslayar los reclamos  de estos grupos: claro está que son legítimos, como también es legítimo el derecho a la manifestación y a la libertad de expresión; sin embargo, las formas que estos grupos están utilizando sugieren que hay opacidad, que el fin primario y objeto de su reclamo ya pasó a un lugar secundario para dar lugar otros fines, planeados y financiados por capitales dedicados exclusivamente a la desestabilización y al descarrilamiento de sistemas gubernamentales progresistas en Latino América.

Hasta este momento en estos colectivos, está permeando más la estridencia qué la efectividad. Están, tal vez, tratando de prolongar el ruido hasta cuando se agoten los partidos de fútbol en la sede mexicana para luego irse a sus lugares de origen, pero, por lo pronto, se habrán gastado el capital designado, pues sostener, alimentar proveer de insumos a estos movimientos es muy oneroso y muy dudosa la redituabilidad.

Mientras, hasta ahora, el balón oficial Adidas Trionda: tri, por los tres países participantes y onda por la ola que México inventó y ejecutó en el mundial de 1986. Este ha sido diseñado con tecnología de punta; dialoga con el árbitro pues le emite datos en tiempo real y que, gracias a su diseño con paneles termosellados, ha logrado sortear las minas y los muros de cemento de alto tonelaje, movibles solo por grúas especializadas, para llegar a la fiesta grande donde muchos, verdaderamente fanáticos, obtuvieron, tal vez, con la tarjeta de crédito,  un boleto y la playera verde original con precios excesivamente prohibitivos para estar en la inauguración del mundial.

Ahí, en la gradería hay una rara mezcla donde empresarios, políticos, muchos de ellos impresentables; gente con gran capacidad económica, de negocios que van a ver y, a dejarse ver, que se saludan, intercambian abrazos efusivos que, por su fama y reputación, son objeto de rechifla y recordatorios maternos o aprobación y aplauso, ¡ah! Pero eso sí, cero pobretones porque la sacrosanta FIFA, como ama y señora fascista interviene tanto, en lo concerniente al fútbol y en todo, si, absolutamente en todo inclusive, en la soberanía de los Estados para convertir el deporte en un Show bussines donde se recaudan miles de millones de dólares.

Este balón, protagonista principal de lo que, en antaño fue un deporte, rodó por el verde césped utilizado, con antelación, por el gran capital ávido de utilidades escandalosas; por los movimientos reivindicatorios de causas sociales con exigencias plagadas de chantajes e inaceptables; por los Estados carentes de legitimidad, urgidos por obtener puntos de aceptación en las encuestas y golpes mediáticos que aumenten su popularidad con miras a posible reelección y reconocimiento que alimente el ego.

El pueblo que, en principio solo quiere divertirse, expresarse catárticamente con el grito ácido, crítico, emocional y festivo, se ha desentendido de todos los estorbos que le han querido poner enfrente, inclusive la lluvia; los ha sorteado y ha presenciado no solo en vivo, en el estadio sino en la tele con la flota del barrio y la coperacha para la botana y la chela, como en dos ocasiones el balón horado las redes Sudafricanas para lanzarse, después del partido hasta la columna del Ángel de la Independencia a seguir celebrando pitorreándose de todos, inclusive de la dictadura perfecta de la FIFA.

REDACCIÓN

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