Opinión

El expansionismo económico, aunado al religioso está permeando de manera muy agresiva, en toda Latino América con capitales multimillonarios a invertir en grandes extensiones

El Espacio de José Luis Gámez J.

La historia Universal está plagada de una multitud de estrategias expansionistas: territoriales, económicas o ideológicas, todas ellas ideadas y en constante evolución desde en el seno de dependencias especializadas pertenecientes a los estados hegemónicos.

Uno de los sistemas de practica expansionista más espectacular siempre ha sido el militar pues, los elementos de sus ejércitos son entrenados para ser violentos en extremo, preparados para matar y diestros en el uso de toda la tecnología armamentista diseñada para exterminio.

Una vez que han dominado al adversario, viene la ocupación del territorio para ejercer su poder político, económico, cultural e ideológico.

Ahora bien, sin abandonar esta forma clásica de expansionismo e invasión, que la siguen utilizando, pero, cada vez con menos efectividad: nada más hay que recordar la ya lejana guerra de Vietnam y la reciente guerra de los EE. UU., asociado con Israel contra el Pueblo de Irán, cuya resolución no se define a pesar de la presuntuosa y falsa actitud triunfalista del presidente estadounidense Donald Trump.

Hay otras formas de colonialismo más sutiles creadas por los países hegemónicos para desestabilizar los sistemas gubernamentales de aquellos países que están en la mira y que son de sumo interés, sobre todo, por los recursos que estos poseen.

El colonialismo psicológico es uno de los que más han calado en muchas mentes que ni por asomo se han querido adentrar en sus orígenes, cultura y raíces históricas, lo que les lleva en automático, a admirar, hasta el fanatismo, a hacer suyas e imitar costumbres y culturas extranjerizantes.

Todo ser humano, ambiciona tener un mejor estatus de vida por lo que, en su mente escoge lo que considera como el mejor de los orígenes y, en forma, tal vez inconsciente, tiende al desprecio y a la vergüenza por su cultura original ya que, en su esquema mental, ha sido inducido hacia un profundo complejo de inferioridad.

El expansionismo religioso es otra manera sutil de invasión que ha permeado, sobre todo, en Latino América, aprovechando la profunda religiosidad con sus ritos y ceremoniales en los pueblos originarios. Esta forma expansionista practicada, sobre todo, por los EE. UU  quienes justifican el argumento de que, ellos, “tienen el mandato divino de extender sus valores políticos y religiosos”.

Para ello, preparan, a elementos que se dicen pastores que, con la biblia en la mano, se infiltran sobre todo, en comunidades vulnerables para iniciar un adoctrinamiento religioso muy conveniente ya que destruyen las creencias, ritos y ceremoniales originarios para implantar, mitológicamente, concepciones teocéntricas muy  ajenas a las conciencia nativas.

Agregando, en ese proceso de adoctrinamiento la sutil  injerencia que anula todo pensamiento crítico, provocando con todo ello sumisión y sometimiento. 

Al ejercer esta influencia religiosa, se vislumbran también los marcados rasgos de intromisión de la ultraderecha qué avanza programadamente en Latino América confluyendo, en tal labor, tanto pastores como miembros de la CIA infiltrados en los pueblos.

El expansionismo económico, aunado al religioso está permeando de manera muy agresiva, en toda Latino América con capitales multimillonarios a invertir en grandes extensiones de terrenos pues, los pueblos, una vez que han sido adoctrinados ceden y entregan sus bienes para establecer, en primera instancia, una hegemonía territorial sin lanzar un solo misil.

Una vez establecidos comienzan a crear infraestructuras y desarrollos en búsqueda de materiales importantes, como pueden ser las tierras raras, litio y metales preciosos. Y claro está, con el consabido desplazamiento de los pueblos originarios para, así, llegar a darle continuidad a la presencia del imperio.

Muestras de todo lo mencionado está en los deseos expresados por el presidente Donald Trump, desde que comenzara a ejercer su segundo mandato: cambiar el nombre del Golfo de México, adquirir Groenlandia, anexar Canadá a la Unión Americana y, por qué no decirlo, aprovechar la disposición incondicional de gobiernos afines como el de Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Armando Bukele en la republica de El Salvador, Javier Milei de Argentina, José Antonio Kast, Republica de Chile: Panamá, Honduras, Bolivia, Costa Rica y, probablemente Colombia que ya tuvo elecciones en primera vuelta con ligero margen a favor de la derecha, para facilitar, aún más la penetración de estas células de influencia.

Y ojo por lo pronto en el Estado de Chihuahua, la gobernadora de extracción panista, ya ha sido adoctrinada y ha abierto las puertas y dado alojo a elementos de la CIA para llevar a cabo labores tanto de exploración como de ubicación, no de narco laboratorios sino de lugares con abundancia de recursos para reportarlos a la Casa Blanca, para que esta, en algún momento, con la anuencia de algún vende Patrias, llegue a tomar posesión.

Con la suma de todos estos gobiernos y su disposición por complacer al Tío Sam, podrían coadyuvar a una expansión donde solo habría un gran beneficiado, el Imperio.

Sumada a los movimientos sutiles expansionistas maquinados por el sistema estadounidense, están también quienes, desde una prensa, ya sea escrita, televisiva, radiofónica o de redes, inclinadas por intereses económicos, convierten su pluma en la gran mercenaria pro yanki, que a diario y de manera mentirosa, emite versiones, casi paradisiacas del estilo de vida estadounidense.

Frase muy actual y muy ad hoc encontrada en la prensa:

Si Irán bombardea tres instalaciones de EE. UU, estaríamos hablando de guerra mundial.

Pero si lo hace EE. UU, es “disuasión”.

El Lenguaje Imperial nunca cambia

REDACCIÓN

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