OPINIÓN

Asombro y temor ante la creación y constante desarrollo de la IA …

MUNDIALÍZATE 2

COLUMNA EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

El Papa León XIV da a conocer su primera Encíclica “MAGNIFICA HUMANITAS” en torno al tema de, la inteligencia artificial, el 15 de mayo de 2026, coincidiendo en fecha con la publicación de la Encíclica de León XIII “RERUM NOVARUM” : El tema que aborda, en MAGNIFICA HUMANITAS lo hace con ideas muy poderosas que invitan a la reflexión, lo mismo que a considerar nuestra posición ante este fenómeno creado y desarrollado por la industria tecnológica y de semiconductores donde se encuentran involucradas empresas concretas como: Microsoft, Nvidia, Google, y Amazon. La IA es el motor que ha sido adoptado por sectores como: Tecnología y Software; Salud y farmacéutica, la industria Automotriz, el área de finanzas, manufactura e industria y, otras más.

El desarrollo del área de la informática en los últimos setenta años, aproximadamente, ha provocado una ruptura con lo establecido de forma brusca y ha revolucionado todos los campos de la actividad humana con sus constantes innovaciones.

Desde su origen teórico en 1943 Warren McCulloch y Walter Pitts se propusieron crear el primer modelo de neuronas artificiales, lo que significó un enorme conflicto pues, ellos se autodesignan, tácitamente, como los nuevos dioses tecnológicos y se contraponen al Dios Bíblico creador del hombre integral y autonómico. Lo interesante en esta propuesta estriba en saber si puede haber un dialogo entre el Dios Bíblico y el dios tecnológico pues este, poco a poco está formando su “propia religión” con adeptos adoradores de la IA.

En 1950, Alan Turing propone, aplicar el test que lleva su apellido: (El Test de Turing) para evaluar, si una máquina podría tener un comportamiento inteligente y similar al del ser humano y sin que se notara la diferencia. Hasta este momento se están observando múltiples avances, lo que siembra, más inquietudes que respuestas.

En 1956, en la Conferencia de Darmouth, el proyecto queda constituido formalmente con el nombre de: “Inteligencia Artificial” (IA) por Sus siglas; tal termino es acuñado por el científico John McCarty, persistiendo así la añeja idea de crear maquinas que imitaran el razonamiento humano.

Ahora bien, independientemente de la efectividad  incuestionable que tienen estas máquinas para resolver en corto tiempo miles y miles de operaciones muy complejas con márgenes mínimos de error, presentan  además, una serie de cuestionamientos de diferentes indoles, principalmente éticos pues los científicos, que son seres humanos, consciente o inconscientemente están diseñando máquinas qué tienden a anular al ser humano; además de que, al construir tales artefactos no solo lo hacen con la humildad de quien diseña para ponerlo servicio de la humanidad sino para entregarlos a las élites dominantes qué están pagando por obtener buenos resultados.  Hay empresas especializadas y financiadoras en dl desarrollo de la Inteligencia Artificial como los gigantes tecnológicos (desarrolladores de modelos y plataformas), fabricantes de hardware como NVIDIA; OpenAl creadores de ChatGPT y empresas integradoras: todas ellas queriendo dominar los mercados e influir en la disminución del esfuerzo mental y creativo en el ser humano.

Con sus asistencias tanto en explicaciones sobre materias específicas, resuelve problemas matemáticos por muy complejos que estos sean, corrige expresiones, depura ideas y las redacta con profesional capacidad.

Asombro y temor ante la creación y constante desarrollo de la IA, invade al ser pensante pues, de alguna manera, tenemos ante nosotros una especie de torre de Babel que pretende conquistar alturas insospechadas con prepotencia y soberbia, creando con ello, más confusión que entendimiento; los lenguajes y las líneas de pensamiento se están diversificando peligrosamente a tal grado que el ser humano ya no tiene claro, por exceso de “información” donde radica la verdad, si en el pensamiento humano con su capacidad natural e intrínseca  o en la IA.

Hay quienes han depositado su fe en la IA renunciando a sus propias capacidades y talentos naturales. Casi por decreto la han endiosado, olvidando que esta debería ser una herramienta, por cierto, muy útil que facilita el trabajo y ahorra tiempos, pero no es el fac totum en el quehacer y desarrollo. Quienes se han puesto al servicio de la IA, han extraviado el rumbo y han perdido su dignidad como humanos pues han caído en otro estilo de esclavitud y han renunciado a esa multitud de talentos personales por desarrollar.

Se ha perdido de vista que el ser humano con todas sus connotaciones el hombre es el centro y razón de ser en la creación; su crecimiento y desarrollo está a, punto de irse al precipicio al reducir, solamente, a la línea tecnológica el total de su personalidad; el olvido de la conciencia de lo que es y significa ser PERSONA conduce al reduccionismo limitante, a la cosificación y a la pérdida de identidad.

La IA ya está aquí y ha entrado en nuestras vidas de manera tremendamente disruptiva  afectando, sobre manera, cada uno de los campos de nuestro quehacer, enarbolando el estandarte del progreso e inyectando como idea predominante: la eficiencia, sin embargo: una tuerca, un engrane pueden ser muy eficientes en la maquinaria de producción, se les puede remplazar cuando sobreviene el cansancio del metal pero en el hombre, el progreso solo es válidamente medible por la capacidad de cuidar de la vida humana.

Es muy cierto que la humanidad posee, hoy más que nunca, un poder inmenso sobre sí misma, es precisamente por eso que necesita más sabiduría, responsabilidad y fraternidad.

Como siempre, esta reflexión e interpretación muy personal de las partes importantes de la Encíclica del Papa León XIV “MAGNIFICA HUMANITAS” la concluimos con una frase atribuible a Steve Polyak, neuroanatomista y neurólogo estadounidense:

 “Antes de trabajar en inteligencia Artificial ¿por qué no hacemos algo sobre la estupidez natural?”.

REDACCIÓN

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