“Las mujeres valientes cambian el mundo”
(Malala Yougatz)

COLUMNA EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
El mítico Aztlán ya había quedado muy atrás y el pueblo Azteca ya se había asentado, después haber sido guiados por Huitzilopochtli: (colibrí zurdo), por casi dos siglos para fundar Tenochtitlan, aproximadamente en 1325 teniendo como primer Huey Tlatoani al Señor Acamapichtli quien gobernó de 1375 a 1395. Ya para entonces, al fundar México Tenochtitlan, dejaban de denominarse Aztecas para identificarse como Mexicas, definiéndose también como un pueblo profundamente religioso y guerrero. Así pues, al llegar a su nuevo hábitat ocupan una isla que se hallaba en medio de un lago: “Metztliiapan” cuyo significado es: el ombligo del lago de la luna, hermosa metáfora con la que reafirman su categoría de pueblo Mexica, fundador de México Tenochtitlan.
Además de Estos episodios, un tanto míticos como otros realmente históricos, tuvieron que pasar ocho wey tlatoanis por el gobierno de México Tenochtitlan, al noveno: Moctezuma Xocoyotzin el 08 de noviembre de 1519, le toca recibir a Hernán Cortes, quien el 2 de abril de ese mismo año junto con su comitiva había fundado la Villa Rica de la Vera Cruz.
De manera pacífica es recibido en la calzada de Iztapalapa y, después de haberle enviado, con antelación, emisarios en un intento fallido por detener su codicioso camino hacia la gran Tenochtitlan.
Después de esta abigarrada exposición, la reflexión se centrará en dos personajes esencialmente importantes, una mujer y un hombre, para el desarrollo de los acontecimientos consignados en nuestra historia mexicana.
Entre 1500 y 1504 en Painalá u Oluta, situadas al sur de Veracruz, concretamente en la región de Coatzacoalcos, en cuya comunidad su lengua era el Náhuatl y que llego a gobernar, como cacique, el padre de Malinalli, conocida también como Malinche.
El padre muere y la madre contrae nuevas nupcias, rechazando a la niña pues nace de esa segunda unión un hijo varón, al cual conceden prioridad como heredero y se deshacen de Malinalli vendiéndola a comerciantes para ser esclavizada en un señorío maya de Tabasco, estos a su vez, entregaron 20 mujeres a Hernán Cortés el 15 de marzo de 1519, como tributo después de una batalla, entre las cuales, estaba Malinalli: “Hierba torcida”, Malinche y, posteriormente, bautizada como Marina. Cortes la cedió inicialmente a Alonso Hernández de Portocarrero, uno de los capitanes de su confianza.
Jerónimo de Aguilar, clérigo español es el personaje masculino que intervendrá en los episodios históricos de la conquista. El 22 de marzo de 1511 naufrago. La embarcación venía desde Darién hacia Santo Domingo. Fue capturado y esclavizado por los mayas qué habitaban en la región de lo que ahora es Cozumel y liberado por Hernán Cortes el 13 de marzo de 1519, después de 8 años de cautiverio, tiempo que le sirvió para aprender la lengua maya, lo que sirvió para traducir algunas conversaciones con los indígenas parlantes de esa lengua.
Xicomecoatl: “Cacique Gordo” gobernante de Cempoala en actual estado de Veracruz, recibe a la comitiva comandada por Cortes para establecer, posteriormente, una alianza militar y política, pues había un hartazgo ante los tributos impuestos por Moctezuma desde Tenochtitlan. Ahí, Malinche que dominaba la lengua náhuatl, el Totonaca y el maya, pero no el castellano; traducía a Jerónimo de Aguilar para que este, transmitirá el mensaje, en Castellano, a Cortes.
Tanto Malinalli como México carecían, inicialmente, de una identidad: tal identidad la fueron forjando a fuerza de aciertos y errores; a fuerza de hechos lamentables, de violaciones, vejaciones, actos racistas y discriminatorios. En Malinalli estaban representadas las mujeres de su tiempo y por qué no decirlo, en gran parte de las mujeres del siglo XXI; Malinalli, producto de culturas regionales y producto de una cultura Madre porque la cultura mesoamericana da origen a los pueblos que llamamos originarios con todas sus connotaciones de costumbres, arte, ciencia, folclore, creencias y cosmovisión. De estos pueblos originarios aún perduran en nuestro tiempo, setenta y dos diseminados por el territorio.
Malinalli, era descrita por Bernal Diaz del Castillo en su obra: LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVAS ESPAÑA como “De buen parecer, desenvuelta, entremetida y bulliciosa”; dicho todo esto como elogio, lo que hace suponer que su presencia era muy relevante en las negociaciones y que, además, ejercía una especie de cogobierno con Hernán Cortes.
Malinalli, supera en todo a Jerónimo de Aguilar pues no solo entiende lenguas, además conoce el alma de los que hablan esas lenguas; por lo que, no solo tiene una traducción literal, sino que intuye el sentido que la gente en concreto, quiere decir cuando se expresa; entiende e interpreta acertadamente porque ella es producto de esos pueblos a tal grado que, la gente la busca para que sea una especie de embajadora, traductora y negociadora pues también era apreciada por su sagacidad.
Malinalli deja de ser Malinalli para ser nombrada Malinche y, posteriormente, es catequizada, la bautizan con el nombre de Marina. Sin embargo, prevalece, aun en nuestros días el n9mbre de Malinche: por extensión a Hernán Cortes también se le conoció como el Señor Malinche.
Bernal Diaz del Castillo también considera a Malinche como una Cacica, es decir: una especie de autoridad local con características multifacéticas, sobre todo, la de liderazgo. En el códice Tlaxcalteca hay una representación de una mujer vestida con huipil, que supone es Doña Marina, de pie con el brazo derecho levantado, con la palma de la mano dirigida hacia la gente y de su boca saliendo una voluta o glifo, símbolo del aliento, la voz o el habla; por lo cual se deduce que tenía la capacidad de hablar lo que también significa, en la cultura mesoamericana: florecer.
Malinalli, Malinche o Doña Marina fue un producto de su tiempo que le toco ya para bien, ya para mal, ser protagonista sobresaliente en nuestra historia mexicana nunca, parte de un idílico encuentro amoroso como, recientemente intento tratar de explicar, aquí, en México, Isabel Diaz Ayuso.” Cualquier calificativo tiene que ser aplicado siempre, observando las circunstancias, los tiempos, los personajes con todas sus buenas o malas intenciones, sus filias y sus fobias e inclusive sus posibles desviaciones emocionales. Lo único cierto es que la conquista fue excesivamente agresiva, con violencia innecesaria, impositiva, en alto grado destructiva y llena de rapiña.
“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: Cierren lis ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia” (Eduardo Galeano).


