“La educación no cambia al mundo, cambia las mentes de los que van a cambiar al mundo”.

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
Ahora bien, para que esas mentes se puedan transformar, necesitan de genuinos agentes de cambio, es decir: verdaderos maestros que, a su vez, hayas sido sujetos de una profunda y autentica visión del mundo y sus realidades con capacidad de transmitirlas acertadamente a los que podrían ser sus sujetos de transformación: sus alumnos.
Sin embargo, la siguiente reflexión está basada en torno a la realidad educativa en nuestro México; la educación escolar mexicana se lleva a cabo, en función de varias perspectivas. Nuestra República es en sí misma un mosaico donde confluyen culturas regionales, climas diversos, costumbres, folklores, herencias culturales, situaciones socio económicas diversas; además de idiomas y dialectos; usos y costumbres: pero, sobre todo, inmersos en ese amplio mosaico existe un espectro de chicos en edad escolar que suman alrededor de 38.2 millones de 0 a 17 años.
En preescolar: 6.6 millones de alumnos; en primaria: 13.4 millones; secundaria: 6.7 millones. En total, representan, aproximadamente, el 30% de la población del país.
Los gobiernos neoliberales que inician con el régimen de Miguel de la Madrid (1982= 1988) y concluyen con Enrique Peña Nieto (2012= 2018) pero, en especial con Carlos Salinas de Gortari, se recrudecieron las deficiencias qué se venían arrastrando desde sexenios atrás, al declarar que la Educación, como otras tantas áreas estratégicas, se entregaría, por etapas, al sector privado para que este, en adelante, la administrara.
Tácitamente se enviaba el mensaje de que la educación, dejaba de ser un derecho para convertirse en un artículo exclusivo para quienes pudieran pagarla. Recordemos la cantidad de instituciones “educativas”, desde guarderías, pasando por Kínder, primarias, secundarias, preparatorias y universidades privadas creadas y, recordemos también, el auge que estas alcanzaron durante todos estos sexenios e, inclusive las mismas Universidades públicas, pretendieron entrar en este juego;
Jorge Carpizo Mac Gregor, por ejemplo, siendo rector de la UNAM, en los años1986/ 1987 pretendió elevar las cuotas de inscripción y quitar el pase automático de bachillerato a licenciatura provocando una paralización y fuerte movimiento estudiantil como rechazo a tales pretensiones neoliberales. La actual Presidenta de la República, en esos ayeres, se unió a esos movimientos estudiantiles que estaban en contra de esas pretendidas disposiciones.
El sistema educativo se ha reinventado sexenalmente, generalmente sin brújula pues, en la Secretaria de Educación Pública, donde están los principales mandos tanto pedagógicos como burocráticos, se observan serias deficiencias, una de ellas: en carteras estratégicas, no hay gente realmente preocupada por implementar y adaptar
programas educativos que vayan de acuerdo con las diferentes idiosincrasias regionales y situaciones socioeconómicas propias de cada ámbito territorial.
Los procesos de aprendizaje varían en cada alumno, dependiendo de muchos factores. Por ejemplo: la alimentación. La educación es muy difícil que entre con un estómago vacío. La vida emocional de un niño, tanto individual como familiar, influye seriamente en la formación, en el rendimiento y aprendizaje.
Es cierto, los maestros, en su mayoría, son lo suficientemente sensibles y observadores de estos y otros tantos problemas de sus alumnos y se esmeran por apoyarlos, muchas veces aún, ante la indiferencia de los padres y tutores. Esta es una realidad concreta, así como la deficiente estructura de lis edificios que operan con múltiples carencias y olvidos gubernamentales.
La peor deficiencia ha sido la politización de la educación en México. Los sindicatos magisteriales significan votos corporativos en favor de candidatos. Tener contenta a la base y dirigencia magisterial es vital para el Secretario de Educación y sus aspiraciones.
La educación está colocada en un segundo o tercer plano en importancia, las gráficas de rendimiento escolar, generalmente maquilladas, revelan contextos fuera de la realidad.

INEGI habla de un grado promedio de escolaridad de 9.7 años: un poco más de secundaria terminada. El rezago educativo se calcula entre los 24 millones de personas en esta condición y la población mayor de 15 años refleja carencias educativas severas; en matemáticas y en lectura: pocos leen bien y pocos también, entienden lo que leen.
El problema es grave y se viene arrastrando de manera creciente desde la panadería del COVID 19. Y, por si algo faltara, a nuestro ínclito Secretario de Educación, : Mario Delgado Carrillo: Licenciado en Economía en el ITAM ex presidente del partido MORENA, se le ocurrió la brillante idea de recortar el calendario escolar ya, de por si limitado a 157 días lectivos, provocando una inconformidad y, consecuente presión colectiva además del freno directo de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pues, las justificaciones esgrimidas carecían de un sustento consistente: los intensos calores y la proximidad del mundial de fútbol.
El mensaje enviado por el Secretario que no es especialista en educación sino en economía, por sí mismo, es muy elocuente: la educación no es tan importante, lo verdaderamente importante es, por ahora el fútbol. La educación ha esperado muchos años, no pasa nada si espera un poco más. ¡Cuánta sensibilidad!
“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción”
~Paulo Freire~


