Opinión

De tanto mirar los bosques, su verdor multimodal e inmenso, pensamos, que esto, sería eterno.

EL ESPACIO de José Luis Gámez Jiménez

 De tanto caminar por sus senderos, y respirar anhelantes la pureza de su oxígeno, imaginamos que este, sería inagotable.

De tanto mirar sus follajes y los intersticios luminosos por donde el sol se filtra, pensamos también que ese fabuloso espectáculo sería perenne.

Al captar esa fragancia de oyamel que anticipa la navidad en primavera y que vaga, flotando entre el follaje frondoso, llegamos a considerar que esa magia perfumada, sería perdurable.

Al abrazar el áspero tronco de un árbol, al pasar nuestros dedos por su rugosa epidermis, llegamos a venerar, cariñosamente, a ese viejo y sosegado vegetal sembrado en la trascendente soledad del tiempo.

 Cuauhtlah en Náhuatl, se deriva de: Cuahuitl (árbol): tlah (abundancia) es decir: lugar de árboles, floresta o, bosque. Para la cultura náhuatl el bosque es un espacio vivo conectado con la divinidad, morada de las deidades y espíritus, regido por Nonahtlalli “madre tierra”, que merece cuidado y respeto profundo; el bosque, para la cultura náhuatl, es un lugar de encuentro entre lo humano y lo divino.

En la actualidad está cosmovisión se ha estado perdiendo, al considerar al bosque como un recurso explotable al ser sujeto de tala inmoderada, de incendios, generalmente, provocados para lograr cambios de uso de suelo y, lo que es peor se ha visto sometido a la propagación de plagas qué están dañando de manera preocupante la salud de los árboles, al grado que se observa ya una gran cantidad de coníferas de pie, pero muertas.

Existe un parque forestal “EL Chico”, al occidente de la sierra de Pachuca, muy antiguo pues data desde 1898 que cuenta con 2739 hectáreas de pino y oyamel; desafortunadamente, el 25% del área protegida está afectada por el gusano descortezador que, en circunstancias normales, tenía que formar parte del equilibrio ecosistémico pues tal bicho, además de alimentarse de parásitos incrustados en los troncos de los árboles mantenían esas cortezas saludables.

Sin embargo, el calentamiento global, ha incrementado de manera desmedida la propagación de este gusano descortezador, a tal grado que, está dañando el sistema vascular de los árboles.

Por muchos es sabido que el sistema vascular en un árbol es lo que en el ser humano son las arterias, las venas y los vasos capilares por donde circulan los nutrientes necesarios para el sustento de la vida. Si hay un corte en este sistema, hay un necrosamiento, lo que impide que los nutrientes lleguen a su destino; el gusano descortezador, con su crecimiento desmedido y voracidad,  está royendo las certezas de los árboles y, tristemente, el verdor se va opacando, el ramaje se torna quebradizo, se reseca y, poco a poco, presenta síntomas de desnutrición severa hasta llegar a la muerte. Tal fenómeno se detectó tardíamente y, la plaga le ganó la carrera a todo intento por detenerla.

 El ser humano cuenta con la movilidad para ir en búsqueda de su alimento; el árbol, una vez sembrado, depende de la calidad del suelo, la cantidad de luz, el agua que le llegue del subsuelo y, la cantidad regulada de fauna para lograr un equilibrio sano y sustentable.

Desafortunadamente, la labor del ser humano, en estos casos extremos cuando la plaga ya ha causado estragos irreversibles, consiste en llegar a la tala y separación del lugar de todos los árboles muertos; a la desinfección de las áreas contaminadas, esperar la regeneración del suelo hasta considerar que este, ya reúne las aptitudes para ser depositario de renuevos y, así iniciar la reforestación. Mientras, se le tiene que mantener en observación para evitar el riesgo de que el suelo se torne estéril por la erosión.

En la cultura griega, la palabra “Oikos” significa: casa, hogar o familia con todos sus recursos y espacios, con implicaciones de sabía e inteligente gestión y administración: (Nemein); surgiendo así la palabra: OIKONOMIA.

El bosque también es sujeto de oikonomia gestionando en el, a manera de prevención, un ambiente propicio y saludable. La labor es colectiva, pero, sobre todo, los visitantes que, consciente o inconscientemente y, de mil maneras le faltan al respeto. La gran cultura náhuatl con su gran visión cosmogónica enfatizaba la idea de la sacralidad de los espacios boscosos por lo que impone un profundo respeto, moderación y reciprocidad en su uso.

Nada hay más valioso que retomar esa idea originaria de la cultura Náhuatl: formamos parte de la naturaleza, toda ella, como parte de nosotros mismos, merece mantenerse saludablemente bella. Retomar nuestra atención hacia nuestros bosques es mostrar amorosa sensibilidad y pertenencia.

Tenemos que hacer conciencia de la gran responsabilidad que conlleva el gestionar y administrar con sabiduría todos los espacios de nuestra gran casa: el planeta. Los bosques son parte vital, merecen nuestra atención, cuidado y mantenimiento preventivamente saludable.

REDACCIÓN

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