
EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
Los viejos vicios, en la política Mexicana no terminan por morir y lo virtuoso de la cuarta transformación no termina por consolidarse.
La Presidenta de nuestro país, recientemente, escuchó la gran cantidad de reclamos, que los habitantes de San Quintín, población ubicada en Baja California. Para ello, detuvieron el convoy, por largos minutos escuchó y respondió a cada uno de los cuestionamientos, que, en tropel, los ciudadanos, realmente molestos con sus autoridades locales, le manifestaban.
Nuestro País, México, cuenta con treinta y dos estados, 2462 municipios y 16 alcaldías: (demarcaciones ubicadas en CDMX). Por lo que la complejidad en la resolución tanto de problemas actuales como heredados desde sexenios pasados y que, paulatinamente, se han estado descubriendo, donde se encierran, actos de corrupción, omisiones, olvidos, abusos de poder, negligencias e ineficiencias en los perfiles elegidos para cubrir carteras sensiblemente vitales para la Nación, no se solucionan de la noche a la mañana como los inmediatistas quisieran.
Valerse de una curul en la cámara de diputados como de un escaño en cámara de senadores para dejar pasar el tiempo, sin recorrer territorio ni atender la realidad popular con toda su problemática y, que, desde la oficina, junto con sus asesores husmean y cabildean posibilidades para seguir medrando, en periodos subsiguientes, asegurando así su futuro, es totalmente antiético.
¿El votante que lo ha elegido para representarlo? Se convierte en el ser mal oliente qué se atreve a entregarle un expediente mugroso con peticiones legitimas que le provocan escozor e ironía pues, su pedestal ha sido mancillado.

Esos síntomas fueron percibidos por la Presidenta, allá, en San Quintín. El pueblo le dio nombres y apellidos de servidores qué no sirven, de servidores lejanos al pueblo; que solo están apoltronados e insensibles con una epidermis paquidérmica, pero, eso sí, pidiendo la foto con la presidenta: foto, que, gracias a su desfachatez, posteriormente, les serviría para presumir su “relación cercana” con la Mandataria.
Claro que ha sido legítimo el enfado Presidencial. Lo mejor, la Presidenta, a diferencia de lo mandatarios del pasado neoliberal que dejaban hacer lo que quisieran lo virreyes de los estados libres y soberanos, se ha detenido ante los servidores que pedían foto para decirles: menos curul y más territorio.
Esto que ha sucedido en San Quintín, está enfocado a corregir los esquemas tanto de formación política en el movimiento de la cuarta transformación donde los nuevos prospectos qué quieran ejercer la Noble tarea de la política, se encaucen al profundo sentido del servicio aunado con la cercanía al pueblo, como a los políticos en funciones que eliminen sus actitudes aspiracionistas y se dediquen a cumplir cabalmente su trabajo.
Si se logra un buen grado de madurez política y se le da real sentido a lo que significa ser servidor público, evitara que haya llamadas de atención y, lo peor, que la Presidenta se dedique a apagar incendios qué otros provocan.



