¿cómo es que alguien pide una vida mejor a quien no tiene vida?

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.
Desde tiempos inmemorables al ser humano ha deseado, sobre todo, en el aspecto religioso, representar mediante imágenes a sus deidades tanto a las del bien como a las del mal de tal manera que, una vez pintadas o esculpidas, les agregan ya sea, elementos de beatitud, serenidad o bondad para diferenciarlas de las provocadoras de desastres, epidemias, guerras y cualquier maldad colectiva o personal: lucifer personificado con, la forma humana, con cuernos y cola, pezuña de cabra, risa maléfica y, pintado con un rojo fuego: la maldad y el destino qué depara a esa maldad, plasmados, imaginativamente, en una figura antropomórfica. La bondad también se expresa de manera humana, pero con elementos simbolizantes de la santidad en su máxima expresión.
Es muy extensa la lista iconográfica representativa del bien y del mal con los sellos característicos qué cada denominación religiosa le ha impreso.
A ese largo catalogo iconográfico, multi religioso, en el año 2000 se incorpora, de manera clandestina, el culto a la santa muerte. Tal manifestación se da en Ecatepec, Estado de México en el año 2000 y posteriormente (2001) en el barrio de Tepito en la Ciudad de México.
Tal culto adopta ritos católicos como misas, rosarios, presentación de ofrendas durante y después de cada rito o visita a su altar. Tienen su celebración festiva cada primero de noviembre paralela a la celebración del día de muertos católica, siendo esta, la que, a su vez cristianizó la antiquísima costumbre Mexica de honrar a sus muertos cuyo destino, era el que, según la actividad u oficio que hubieran tenido en su vida, se les asignaba.
Los practicantes del culto a la santa muerte parten desde una premisa bastante confusa y paradójica pues el principio elemental del significado de la palabra Muerte ya implica el final del todo y de cada una de las partes de todo ser vivo, particularmente de un ser humano.
Si la muerte trae consigo el fin de la vida, el cese de las funciones biológicas, la corrupción de la carne y la preservación relativa del esqueleto, ¿cómo es que esa serie de huesos reconstruidos y revestidos por manos de un ser vivo pueda tener capacidad y poder para resolver tantos problemas y solucionar multitud de carencia de cuanto peticionario se le acerque? Hay un axioma sencillo de comprender: “nadie da lo que no tiene” ¿cómo es que alguien pide una vida mejor a quien no tiene vida?
El concepto de la santa muerte trae aparejada la presencia de demonios que no tienen nada que ver con las representaciones antropomórficas de luzbel, lucifer, satanás o cualquier otro ser maléfico. Más bien son las emociones y los sentimientos desordenados que se fueron fomentando a lo largo de la existencia.
El cultivo de la maldad mediante actos transgresores de la ley moral o jurídica significa sembrar vientos, para con el tiempo, cosechar tempestades; todo ser humano que reincide frecuentemente en actos inmorales o ilegales ya puede, a corto o largo plazo ser sujeto tanto de sentimientos de culpa y enfermar emocionalmente por ello, como calificar como prospecto a ser perseguido y detenido por los representantes de la ley.
Aquí es cuando, este tipo de personajes crean, acudiendo a ese fetiche: la santa muerte para que les haga “un paro” es decir: que esta, sea ese escudo protector que los haga invisibles ante la autoridad y ante los reclamos de su conciencia ya distorsionada.
Así que en este culto clandestino de la santa muerte se cobijan, en su mayoría los que, de diversas formas y de manera ilícita se ganan la vida o delinquen de forma aberrante, llevando a cuestas esa carga emocional que les impide llevar una vida serena e inclusive, llegan a caminar en el filo del suicidio con la esperanza de que la santa muerte los devuelva a la vida para seguir, en lo mismo, en esa gran selva de asfalto.
La expansión de este culto es significativa pues ya familias enteras, generalmente, depauperadas y vulnerables en varios sentidos están fomentando en sus hijos tal culto, quienes en un futuro transmitirán eso mismo a otras generaciones.
Las denominaciones religiosas, oficialmente reconocidas por el estado y el estado mismo no está haciendo nada por detener esta absurda ideología religiosa popular y lo peor, tal tolerancia basada en la libertad de cultos, frena los esfuerzos de quienes trabajan por lograr una madurez emocional y liberadora colectiva.
Es cierto hay estudiosos sobre este tema y exploran la fe, los dogmas y los impactos de las religiones en la sociedad a través de diversas perspectivas críticas y reflexivas. En concreto, este culto a la santa muerte impacta fuertemente sobre todo a mentes conflictivas qué buscan posibles soluciones a su problemática existencial, cayendo en esta opción enajenante que ofrece quimeras porque todo culto sin ciencias humanas, es una religión ciega y lo que, es más, impide colocar al creyente cara a cara con el creador.



