Opinión

La transmisión del evangelio y la interpretación del mismo está, inteligentemente encauzada para que el feligrés obedezca y cumpla

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

La mayoría de los ciudadanos conocemos al PARTIDO: ACCION NACIONAL, tanto en su origen como su tendencia filosófica, políticas y formas prácticas de ejercer el poder, muy alejado del pensamiento de Gómez Morin: su fundador. En lo fundamental y solo en el papel están los lineamientos de familia, patria y libertad pero, en la práctica solo queda: la familia: únicamente la del político en funciones y con poder; patria: vista como empresa con líneas de producción, gerencias, departamentos de compras y ventas que las ejecutan por designios del CEO en turno cuyo poder está concentrado en el mismo que lo preside y en una élite de privilegiados configurados entre sí para acaparar riqueza; aunado a estos dos puntos anteriores resaltan la idea de la libertad entendida, solamente, como capacidad para ejercer el poder que considera al pueblo como un ente infantil obediente y silenciado por los que dicen ser pensantes, únicos seres capaces de conducir con premisas qué aprovechan la relativa conciencia y las creencias, sobre todo religiosas, que en su mayoría es, católica.

Aquí es donde este partido para fortalecer su presencia se entrelaza con agrupaciones afines tanto Nacionales como internacionales: yunque, Opus Dei, Vox, Vaticano y la Jerarquía Católica Mexicana, la cual se ha pronunciado, recientemente, con su mentalidad conservadora, en favor de la derecha representada por el Partido Acción Nacional apelando a causas justas no resueltas en la forma que ellos lo desean y recalcándolas en sus homilías con tono amarillista.

He aquí, solo un fragmento del comunicado emitido por la Conferencia Episcopal Mexicana: “Queremos que sepan que nuestra cercanía está siempre con las víctimas, con los pobres, con los que sufren. Nuestra amistad es, sobre todo, con el pueblo sencillo que lucha cada día por sobrevivir con dignidad”. Para ser sinceros: el sacerdote, en general, e independientemente de su jerarquía, sigue un patrón y un lenguaje tanto verbal como corporal atrayente y cosmético que pretende lograr en el otro una veneración y un culto a la personalidad aunque la cercanía, la solidaridad y el compromiso solo sea un apapacho efímero y provisional emitido desde la cómoda burbuja celestial.

 La transmisión del evangelio y la interpretación del mismo está, inteligentemente encauzada para que el feligrés obedezca y cumpla; aunque en ocasiones y en algunas conciencias se corre el riesgo de que tal cumplimiento llegue al fundamentalismo y distorsión: tal es el caso de aquel movimiento denominado, la cristiada, grupo armado creado como reacción ante los artículos anticlericales de la Constitución de 1917 apoyado y bendecido por Pio XI en su encíclica “Acerba Animi, sobre la cuestión religiosa en México en el año 1932. (Cfr SED DE PODER DEL Mtro. Nicolas Dávila pag.53). Este mismo tema en la reciente reunión de la CEM se retoma ¿como advertencia? el recurrir a una nueva cristiada para resolver esas causas justas que, según la jerarquía católica, el estado no ha mostrado capacidad de resolución. Esta propuesta está muy ligada a la de la derecha que está recurriendo a los E.E U.U para que intervenga en nuestro país con su ejército y, así acabar con la delincuencia organizada.

Cristeros, ejército estadounidense o ambos interviniendo y utilizando las armas y la violencia: los cristeros, peleando en nombre de Dios por causas justas; los gringos, en nombre del dios dinero “luchando en territorio ajeno, por impedir que sus drogadictos sigan cayendo en las garras del fentanilo” y, de paso, dar gusto a su expansionismo invasivo y saqueador. Ambos, obviamente, dejando daños colaterales, es decir: muertes, pues, al fin y al cabo, el fin justifica los medios.

Los jerarcas tanto del partido derechista como sus socios, los yunquistas, los opusdeistas y representantes religiosos no están clamando: ¡por Dios, no se MATEN! Ni tampoco declaran: por Dios no se MATEN; más bien meten a Dios en la pelea porque alegan: nombrar a Dios es motivo suficiente y una justificación válida para violentar y eliminar el mal.

Solo se espera que esa jerarquía religiosa y política de derecha y que propugna por las formas violentas para terminar con los males que aquejan a México no respondan lo mismo que Caín respondió a Dios cuando le preguntó por su hermano Abel después de que este lo asesinara:  no lo se, ¿soy acaso el guardián de mi hermano? Contestación que muestra indiferencia y evade responsabilidades

REDACCIÓN

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