Opinión

EL ESPACIO de José Luis Gámez J.

En el análisis de las probables causas del alcoholismo, nos adentramos, como ejercicio de introspección, en lo que debería ser el sublime mundo de nuestro propio YO con todo el historial que se remonta hasta la etapa intrauterina, es decir, desde el momento de la concepción que marca el inicio de la vida e inicio de las diferentes etapas del proceso vital, donde todo: emociones, sentimientos, sensaciones empezaban a imprimirse en ese nuevo ser.

Donde apenas se estaban absorbiendo las primeras sensaciones, positivas y negativas llegadas desde el exterior, ya que, en ese espacio intrauterino, el feto gozaba de relativa comodidad pues hasta ahí, llegaban los nutrientes por la vía del cordón umbilical.

 Paulatinamente, ese nuevo ser comenzó una de esas primeras crisis: la de sentir, entre otras cosas, que ese espacio ya no era suficiente y que se aproximaba el momento de ser expulsado para ser recibido en un nuevo ámbito, por lo general: el ámbito familiar con todas sus funcionalidades y disfuncionalidades.

1.- La relación, bien avenida entre los cónyuges o probablemente, tóxica, el divorcio tanto legal que supone la separación física con cambio de residencia y condiciones jurídicas, o el divorcio espiritual que es el que, por conveniencias personales, “admite” la convivencia en el mismo espacio, sin relación de algún tipo: relación de dialogo, sexual, sentimental.

Estas, al ser observadas por el infante, pudieron crear condiciones para que la probable hipersensibilidad se afectará con los sentimientos de culpa, depresión o rebeldía. También la pobreza extrema o la abundancia excesiva, tanto económica como emocional;  el abandono manifestado  con las ausencias temporales o definitivas tanto paterna o materna, los compromisos laborales de los tutores que impedían qué nos dedicaran  momentos de calidad; las descalificaciones, los desprecios, la violencia intrafamiliar, en esa época, de la primera infancia, bien pudieron influir en, gran parte, de conductas posteriores.

2.- En época de la lactancia, además de haber llegado al seno de una familia con ambiente disfuncional y adverso donde las emociones de los padres se manifestaban de manera descontrolada, las cotidianas discusiones conyugales, pudieron crear en el alma de un chiquillo, miedos, inseguridades y sentimientos de culpa.

Además de vivir, en esa etapa, otras crisis personales de adaptación qué, significó pasar de la etapa intrauterina al nuevo ambiente donde ya se tenía  que aprender a respirar adecuadamente y, por si mismo, pedir el alimento, mediante el llanto, el proceso doloroso de la dentición, el aprender a caminar, las dificultades para emitir las primeras palabras pero, sobre todo, las reacciones muchas veces displicentes, despreocupadas, desesperadas, dominantes o indiferentes  de los adultos para con para con los menores, así como la probable sobreprotección con  mimos, cariños melosos y excesivos, los gestos negativos, tanto paternos como maternos que pretendían resolver  todas las necesidades primarias, haciendo ver como incapaces y,   sin posibilidad de aprendizaje, o los gritos, golpes, abandonos y desamor, también pudieron influir en el desarrollo de la personalidad.

3.- Todo desarrollo debió tener un continuo aprendizaje, sin embargo, las enseñanzas y educación bien pudieron carecer de la calidad requerida o ser distorsionadas  tanto en la escuela como en el entorno familiar qué no solo se reducía al  padre y la madre, sino que ya se incluía a parientes cercanos para conformar una relación diversa donde los criterios, las intromisiones se multiplicaron y que estorbaba e impedían el desarrollo de una  personalidad equilibrada qué contara con la estabilidad emocional suficiente para resolver tanto los problemas cotidianos como los de mayor complejidad con autonomía y asertividad.

4.- Nuestra personalidad se fue conformando de acuerdo, en muchos aspectos, con las herencias conductuales de nuestros padres, con sus filias y fobias donde hasta los gestos, ademanes y vocabulario se copiaron, a pie juntillas, creándose una imagen y semejanza de ellos.

5.- El ambiente extra familiar, las amistades, con la diversidad formativa: una muy correcta y otra muy compleja, errónea o, con carencias. Todo tipo de mensajes captados en los diversos entornos bien pudieron afectar, positiva o negativamente al desarrollo de la personalidad, bien pudieron también afectar la sensibilidad, positiva o negativamente. Los diferentes tipos de información, mucha de ella, nos pudo haber confundido y, en esa confusión, se pudieron tomar decisiones erróneas.

Se tiene que recalcar una realidad incontrovertible: las costumbres, que pretenden normalizar la presencia del alcohol en esos eventos que celebran instantes festivos que “justifican” una alegría, una felicidad artificial o el cierre exitoso de negocios o los duelos fúnebres y amorosos. Al normalizar la presencia del alcohol en fiestas y celebraciones hizo que, este, fuera imprescindible y parte importante fundamental, por tanto, costumbre, ignorando aquello que dice “no todo lo que hace todo mundo, está bien hecho”.

Más aún, se ignoraba la diferencia entre lo suficiente y lo bastante. Una breve frase ilustrara lo que significa lo suficiente y lo bastante. El Pana: torero profesional y, alcohólico en rehabilitación decía: para mí, una copa no era suficiente y mil, no eran bastantes.

Nuestros primeros amores y desamores, las decepciones, la carencia del no saber definir el PROPIO YO con todas sus connotaciones y circunstancias, pero, sobre todo, las angustias no resueltas, al no encontrar respuestas satisfactorias. existenciales como ¿quién soy yo. que, por qué y para qué existo?

El gran problema personal, es: la INDECISIÓN. El no saber qué hacer ni que responder con serenidad cuando hay algo que asusta o llena de angustia, cuando los sentimientos y las emociones son inefables es decir: se sabe que ahí están, en el interior del Ser pero, no se sabe cómo expresarlas con la intensidad necesaria y adecuada.

El no saber qué hacer cuando hay circunstancias adversas, el no saber decir ¡No! cuando hay que decirlo, el condescender, tan solo por quedar bien, o por no ver enojados a los demás, huir de una realidad que mortifica por no saber cómo actuar ante ella, dejar que otros decidan por uno y sufrir de manera amarga al asumir las responsabilidades personales.

 Evadir con silencios las interrogativas pues, la carencia de palabras adecuadas y la inseguridad impiden dar respuestas. Saber tomar soluciones satisfactorias y tranquilas, el estar esclavizado por toda una serie de frustraciones al no saber que hacer en situaciones concretas, el no asumir la responsabilidad personal, o no saber pedir la ayuda para enfrentar, con la capacidad suficiente, tales circunstancias, bien pueden ser, posibles causas para emprender huidas alcohólicas.

La represión de los sentimientos y las emociones, acumuladas crean resentimientos, odios patológicos qué hacen actuar de manera incorrecta y sin cordura. La ausencia de argumentos bien establecidos alimentan la tendencia al ejercicio del dominio mediante el grito, la imposición y la violencia. Esto bien pudo haber sido producto de un aprendizaje “incorrecto”, heredado como forma “normal” para la resolución de los problemas: si algunos problemas se resolvieron con este método, no fue porque fuera efectivo, sino que se resolvieron, a pesar de ello.

Los seres dominantes y autoritarios, son así porque fueron, en la edad temprana, dominados y subyugados así que, inconscientemente, ante subordinados, muestran la herencia adquirida, dicha actuación repite lo aprendido pero, si encuentran un espíritu contestatario e inconforme no saben cómo conciliar  y, ante tal impotencia y frustración  se refugian en los tragos para responder de igual manera como hicieron con él.

Quien no sabe revertir su tristeza de manera natural, busca la alegría artificial, mediante la ingesta de alcohol.

Si una persona, por naturaleza, es introvertido y, nunca aprendió a relacionarse con los demás de manera natural, busca como serlo; si en esa búsqueda encuentra un estimulador como lo es el alcohol, lo aprovechará para socializar y lo considerará como absolutamente necesario. tanto para entablar una simple conversación como para animarse a una declaración amorosa o para externar frustraciones, decepciones o duelos de diversos tipos.

Las posibles causas del alcoholismo, no tienen por qué ser motivos de justificación presente en nuestro comportamiento y actuación. Hoy, nosotros somos responsables de nuestros actos. Hoy nosotros, una vez desintoxicados, tenemos que continuar con la rehabilitación fincada, sobre todo, en rencuentro con nuestro espíritu para nutrir lo, para hacerlo crecer y madurar con la gimnasia de la espiritualidad cuyos ejercicios son: meditación, reflexión, oración y servicio cotidiano.

REDACCIÓN

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba